Mientras Europa mira a la escuela de lunes a viernes, miles de niños reciben otra educación el fin de semana: Lo que ocurre en las escuelas coránicas de fin de semana en Europa
Imaginemos una escena perfectamente normal.
Es sábado por la mañana. Mientras unos niños juegan al fútbol, otros hacen inglés, otros van a música y otros duermen hasta las once, hay niños que entran en una mezquita o centro islámico con un libro bajo el brazo.
No van a la escuela pública, no están haciendo una actividad extraescolar municipal. Van a aprender religión, Corán, Árabe, oración, historia islámica, normas de comportamiento, valores religiosos.
La pregunta incómoda es muy sencilla, ¿Qué se enseña exactamente allí?. Y una segunda pregunta todavía más incómoda, ¿Quién lo controla?
Porque una cosa es enseñar religión, y otra muy diferente es enseñar a niños una determinada visión del mundo sin que nadie sepa exactamente qué contenidos reciben, y aquí empieza el problema.
¿Qué es exactamente una escuela coránica de fin de semana?
No estamos hablando necesariamente de un colegio islámico. Son cosas diferentes.
Una escuela islámica formal puede estar sometida a la legislación educativa del país correspondiente y tener que cumplir un currículo oficial.
Las llamadas weekend Islamic schools, Quran schools, madrassas o clases coránicas son normalmente una forma de educación religiosa complementaria.
Los niños siguen asistiendo durante la semana al colegio convencional y, normalmente uno o dos días del fin de semana, reciben formación religiosa.
La investigación académica disponible describe estas escuelas como centros destinados principalmente a enseñar el Corán y árabe, junto con conocimientos y prácticas islámicas. Un estudio sobre Europa encontró que muchos alumnos son niños de primaria y que la asistencia puede limitarse a unas pocas horas semanales.
Es decir, no sustituyen necesariamente a la escuela europea, pero tampoco son simplemente una clase de árabe, aquí está la primera diferencia importante.
¿Qué aprenden realmente?
Depende muchísimo del centro. Y esta frase es fundamental, no existe una “escuela coránica europea” única.
Hay mezquitas turcas, marroquíes, pakistaníes, árabes, africanas, salafistas, organizaciones independientes, asociaciones culturales y centros vinculados a diferentes movimientos religiosos. Por eso sería absurdo afirmar que todas enseñan lo mismo.
Pero las investigaciones realizadas en diferentes países permiten identificar determinados contenidos que aparecen repetidamente.
El menú habitual incluye:
Corán, aprender a leerlo en árabe. Memorizar suras. Aprender determinados versículos y recitaciones. Mejorar la pronunciación. Memorizar textos utilizados durante la oración.
Religión
Los cinco pilares del islam. La vida de Mahoma. Historias y acontecimientos de la historia islámica. Creencias religiosas. Valores y normas islámicas.
Práctica religiosa
Cómo rezar. Cómo realizar determinados rituales. Qué está permitido. Qué está prohibido. Cómo comportarse como musulmán.
Árabe
En muchos centros el árabe no se enseña simplemente como una lengua extranjera. Es también la lengua del Corán.
Identidad
Y aquí aparece otro elemento interesante. En determinados centros, especialmente aquellos organizados alrededor de comunidades nacionales, la educación religiosa se mezcla con la transmisión de una identidad cultural.
Una investigación realizada en mezquitas turcas de los Países Bajos encontró precisamente esa combinación: religión, identidad musulmana, identidad turca y aprendizaje de la lengua.
Religión + lengua + cultura + identidad. No necesariamente es algo malo, pero sí es algo que conviene conocer.
¿Es simplemente memorizar el Corán?
No. O, al menos, no siempre.
En una investigación sobre educación islámica no formal en los Países Bajos se describen clases donde los alumnos aprendían a leer y recitar el Corán, memorizaban textos y recibían enseñanza sobre valores, normas, rituales, historia islámica y conducta.
En algunas clases se utilizan historias de la vida del profeta para explicar cómo debe comportarse un buen musulmán.
Y esto nos lleva a una cuestión importante. Una cosa es aprender qué dice una religión, otra es aprender cómo debe comportarse una persona según esa religión. La frontera puede parecer pequeña, pero educativamente es enorme.
¿Se enseña pensamiento crítico?
Aquí aparece una de las grandes preguntas pendientes.
La educación religiosa no tiene por qué ser incompatible con el pensamiento crítico. Un niño puede estudiar el Corán, estudiar la Biblia, estudiar el judaísmo o estudiar cualquier otra tradición religiosa.
El problema aparece cuando una enseñanza religiosa se presenta como “Esto es lo que creemos”, y pasa a convertirse en “Esto es la verdad y no debe cuestionarse”.
La investigación sobre jóvenes musulmanes que han participado en educación islámica complementaria muestra precisamente que existen diferentes experiencias y enfoques pedagógicos.
Por tanto, la pregunta correcta no es “¿Enseñan el Corán?” Eso ya lo sabemos. La pregunta interesante es “¿Cómo enseñan el Corán?”
El profesor: ¿Quién está delante de los niños?
Otra pregunta sorprendentemente sencilla. ¿Quién enseña?
La respuesta tampoco es uniforme. En algunas mezquitas participan imanes, en otras, profesores religiosos, en muchas, voluntarios. Y aquí encontramos un dato importante.
Investigaciones realizadas en Países Bajos señalan que muchos de los llamados “profesores” no tienen necesariamente formación pedagógica formal y pueden ser seleccionados principalmente por sus conocimientos del Corán, sus conocimientos lingüísticos y su motivación.
Esto no significa que sean malos profesores. Significa algo mucho más sencillo saber religión no convierte automáticamente a una persona en especialista en educación infantil. Y eso debería importar.
¿Existe un currículo europeo común?
No. Y aquí encontramos una de las mayores zonas grises.
No existe un currículo único europeo para las escuelas coránicas de fin de semana, ni siquiera necesariamente existe un currículo común dentro de un mismo país.
La investigación académica señala expresamente que muchos centros no siguen un programa unificado y que incluso mezquitas pertenecientes a comunidades nacionales similares pueden utilizar materiales diferentes.
Un niño puede acudir a una mezquita donde la enseñanza sea básicamente: Corán + árabe + oración. Otro puede recibir: Corán + árabe + religión + cultura. Y otro: Corán + religión + identidad + normas sociales + actividades comunitarias.
Por eso es imposible hablar de “lo que enseñan las escuelas coránicas” como si fueran una única institución. Hay que investigar centro por centro.
¿Y quién controla todo esto?
Aquí llegamos al punto más interesante. Y también al que más fácilmente puede convertirse en una exageración.
La respuesta es, depende del país y de la naturaleza jurídica de la actividad.
No existe un sistema europeo único de inspección de escuelas coránicas, y eso significa que comparar países es fundamental.
Reino Unido: Una zona especialmente interesante
En Inglaterra existe una categoría denominada out-of-school settings, que incluye actividades educativas complementarias, entre ellas escuelas religiosas suplementarias.
El propio Gobierno británico reconoce que estas actividades pueden incluir centros religiosos y escuelas suplementarias. Pero aquí aparece una distinción fundamental.
En 2023 el Gobierno británico respondió en el Parlamento que las escuelas religiosas suplementarias que funcionan como actividades extraescolares no están reguladas por la legislación educativa o de cuidado infantil y no están obligadas a registrarse ante el Departamento de Educación o Ofsted.
Es decir, no podemos meter automáticamente una madrasa de fin de semana dentro del mismo sistema de inspección que un colegio.
Pero eso no significa que no exista ninguna protección.
El Gobierno dispone de directrices específicas de protección infantil para estas actividades y en 2025 abrió incluso una consulta sobre la seguridad de los llamados out-of-school settings.
Además, si un establecimiento deja de ser simplemente educación complementaria y pasa a funcionar de facto como una escuela no registrada, entran en juego otras obligaciones.
Ofsted señala que operar una escuela no registrada en Inglaterra puede constituir un delito y que existen mecanismos de investigación y actuación.
Francia: El Estado mira con otros ojos
Francia tiene una tradición de laicidad mucho más intervencionista, y aquí aparece una cuestión muy interesante. Las autoridades francesas distinguen entre diferentes tipos de actividades destinadas a menores.
La documentación oficial de 2025 sobre inspección y control señala que las estructuras que acogen menores y cuya actividad consiste exclusivamente en enseñar un culto y, eventualmente, una lengua asociada no son, en principio, consideradas automáticamente como centros de acogida de menores sujetos al mismo régimen.
Pero las autoridades pueden comprobar qué actividades se realizan realmente y actuar cuando detectan incumplimientos.
Y esto nos lleva a una idea importante, el nombre del centro no es suficiente. Una asociación puede llamarse “Centro cultural”, Pero lo que importa jurídicamente es qué hace realmente con los niños.
España: ¿Quién controla la escuela coránica del sábado?
España tiene una peculiaridad importante.
El Estado español sí reconoce oficialmente el derecho a recibir enseñanza religiosa islámica en los centros públicos y privados concertados.
La Ley 26/1992, que aprobó el Acuerdo de Cooperación entre el Estado y la Comisión Islámica de España, garantiza este derecho a los alumnos musulmanes. Y en 2022 el Ministerio de Educación publicó los currículos oficiales de religión islámica para Infantil, Primaria, ESO y Bachillerato.
Pero aquí hay que hacer una distinción fundamental, una cosa es la clase de religión islámica del colegio, otra es la clase de Corán del sábado en una mezquita. Y jurídicamente no son exactamente lo mismo.
La religión islámica dentro del colegio sí tiene un marco oficial
Cuando hablamos de enseñanza religiosa islámica dentro del sistema educativo, España tiene un currículo.
No estamos ante una clase improvisada en una habitación de una mezquita, existe una regulación estatal.
Además, la propia Comisión Islámica de España recuerda a las familias que pueden solicitar enseñanza religiosa islámica en colegios e institutos públicos y concertados y señala que la Inspección educativa vela por el cumplimiento de la normativa.
Es decir, si el niño recibe religión islámica oficialmente en su colegio, existe un marco educativo y una supervisión administrativa.
Pero … El sábado cambia la película
Imaginemos ahora que Mohamed tiene diez años, de lunes a viernes va a un colegio público, el sábado por la mañana va a una mezquita.
¿Quién controla esa clase?
Aquí la respuesta es mucho menos sencilla. Porque una clase coránica organizada por una mezquita no se convierte automáticamente en una escuela oficial por el simple hecho de tener niños, profesor y horario.
Un ejemplo real: Sevilla
No tenemos que imaginarlo. La Fundación Mezquita de Sevilla anuncia actualmente clases de Corán, lectura y árabe para niños de 6 a 14 años. Las clases se realizan en la propia Fundación y están programadas para el curso 2026/27.
La propia organización explica que no considera estas clases una actividad extraescolar cualquiera y pide a los padres que garanticen la asistencia regular y que ayuden a los niños a repasar las tareas.
Es decir, hay niños, hay profesor, hay programa, hay inscripción, hay deberes, hay una organización religiosa detrás… Pero no debemos confundir esto con un colegio oficial.
Es una actividad de enseñanza religiosa organizada por una entidad religiosa. Y precisamente por eso surge la pregunta, ¿Qué controles concretos se aplican?
Otro ejemplo: Granada
La Mezquita de Granada anuncia clases de Corán para niños y las sitúa en el Centro Cultural de la Mezquita Mayor.
El programa incluye clases para menores los martes, jueves y sábados. Además, el centro ofrece formación de adultos en materias como fiqh y tafsir del Corán.
Aquí tenemos otra pista importante. No estamos hablando únicamente de aprender a leer árabe.
El ecosistema educativo religioso puede incluir: Corán → interpretación → jurisprudencia religiosa → práctica religiosa.
Eso no significa que exista radicalización, Significa que estamos ante educación religiosa real, y no simplemente ante una academia de idiomas.
Entonces, ¿puede una mezquita enseñar religión a niños?
Sí. Y esto hay que decirlo claramente.
La libertad religiosa protege la posibilidad de transmitir las propias creencias. El problema no es que una familia musulmana quiera que su hijo conozca el Corán.
Del mismo modo, una familia católica puede llevar a sus hijos a catequesis, una familia judía puede llevarlos a clases religiosas y una familia evangélica puede hacer lo mismo.
La pregunta democrática no debería ser “¿Por qué enseñan religión?”
Sino: “¿Qué ocurre cuando una organización trabaja regularmente con menores?” Ahí aparecen otras obligaciones.
Protección de menores: aquí está una de las claves
Una actividad religiosa no queda fuera de las normas generales de protección de la infancia.
El hecho de que un adulto diga “Estoy enseñando religión”, no crea una zona jurídica independiente.
Las obligaciones generales relacionadas con protección de menores, seguridad, instalaciones, delitos contra la libertad sexual, etc., siguen existiendo.
Y hay otro elemento que no debería olvidarse, El local también tiene que cumplir las normas que correspondan.
Por ejemplo, en Cataluña existe una regulación específica de los centros de culto que contempla condiciones de seguridad, higiene, accesibilidad, aforo, evacuación y protección acústica.
Por tanto, mezquita no significa “territorio sin normas”.
¿Y quién controla lo que se enseña?
Aquí está la parte incómoda. En una clase oficial de religión islámica dentro de un colegio existe un currículo oficial y una estructura educativa.
En una clase coránica organizada privadamente por una asociación religiosa, no existe una inspección educativa equivalente a la de un colegio. Y esta diferencia debería ser objeto de investigación , qué contenido religioso transmite el profesor durante dos horas cada sábado.
El punto ciego: el contenido, que todavía necesita mucha más investigación en España.
España tiene además un sistema religioso bastante descentralizado
Hay otro detalle importante. La Comisión Islámica de España es una entidad registrada oficialmente y actúa como federación de comunidades musulmanas. El Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia muestra numerosas entidades musulmanas federadas dentro de la Comisión.
Eso significa que tampoco deberíamos imaginar una especie de “Ministerio del Corán que decide lo que enseñan todas las mezquitas españolas”. No funciona así.
Existen numerosas comunidades, asociaciones y centros, por eso pueden existir diferencias enormes entre una mezquita y otra.
La conclusión española
España no tiene un problema porque existan clases de Corán.
Tiene una obligación mucho más sencilla, saber qué ocurre cuando cientos o miles de menores participan regularmente en actividades educativas fuera del sistema escolar.
La libertad religiosa debe protegerse, pero la libertad religiosa no debería significar opacidad. Y proteger a los niños no significa prohibirles aprender una religión, significa saber quién trabaja con ellos, en qué condiciones y qué mecanismos existen cuando algo sale mal.
Porque si Europa quiere hablar seriamente de integración, hay una pregunta inevitable ¿Podemos integrar aquello que ni siquiera conocemos?
El sábado también forma parte de la educación. Y quizá ha llegado el momento de mirar qué ocurre dentro de esas aulas, sin prejuicios, sin complacencias, y con datos.
El gran agujero europeo: Sabemos menos de lo que pensamos
Un estudio específicamente dedicado a las escuelas islámicas de fin de semana en Europa encontró que no existe una base de datos detallada que permita conocer el número total de centros o el porcentaje de niños musulmanes que asisten a ellos.
Dicho de otra manera, cuando un niño entra un sábado por la mañana en una clase religiosa complementaria, el mapa se vuelve borroso.
¿Significa esto que son lugares de adoctrinamiento?
No. La mayoría de los estudios disponibles no permiten afirmar que las escuelas coránicas europeas sean, en general, centros de radicalización.
Pero tampoco debemos caer en el extremo contrario “Como no todas son radicales, no hay nada que investigar.” Eso tampoco tiene sentido.
El verdadero problema es la falta de transparencia.
Una democracia liberal debería poder hacer preguntas perfectamente normales: ¿Quién dirige el centro?, ¿Quién paga?, ¿Quién enseña?, ¿Qué formación tiene?, ¿Cuántas horas pasan allí?, ¿Qué normas de protección infantil existen?, ¿Se realizan controles de antecedentes?, ¿Qué ocurre si un niño denuncia un problema?, ¿Quién recibe las quejas?, ¿Existe financiación extranjera? Y, sobre todo ¿Qué se enseña sobre la sociedad europea en la que esos niños viven?
La pregunta que Europa debería hacer
“¿Qué aprende exactamente un niño europeo en cada espacio educativo al que asiste?”
El principio debería ser sencillo, libertad religiosa, sí. Espacios opacos para menores, no. Y cuando una actividad educativa transmite contenidos que afectan directamente a la convivencia, los derechos fundamentales y la protección infantil, la sociedad tiene derecho a saber cómo funciona.
¿Debería Europa crear un registro?
No necesariamente un registro de “escuelas musulmanas”, eso sería discriminatorio.
Pero sí podría existir un registro general de entidades que realizan actividades educativas periódicas con menores fuera del horario escolar, independientemente de que sean religiosas, deportivas, culturales o ideológicas.
Con requisitos básicos, identidad de la organización, responsables, Lugar de actividad, responsables y profesores, antecedentes cuando legalmente corresponda, información básica sobre el programa.
La paradoja europea
Europa ha aprendido a ser muy cuidadosa con la religión, y eso es bueno.
Después de siglos de guerras religiosas, persecuciones y conflictos entre Iglesia y Estado, la libertad religiosa es una conquista extraordinaria.
Pero existe una paradoja, a veces confundimos libertad religiosa con ausencia de cualquier pregunta sobre la actividad religiosa. Y no son lo mismo.
La libertad de religión protege la creencia, no convierte automáticamente cualquier actividad realizada en nombre de una religión en una zona fuera del escrutinio democrático.
Conclusión: El sábado también educa
El niño que sale del colegio el viernes no deja de aprender, el sábado también aprende, aprende religión, lengua, identidad, valores, aprende cómo interpretar el mundo… Y eso no es necesariamente malo.
Pero una democracia madura no debería tener miedo de preguntar, ¿Qué estamos enseñando a nuestros niños?
No se trata de controlar las creencias, se trata de garantizar que la libertad de creer conviva con la libertad de pensar.
