¿Qué pasaría si mañana de golpe, el islam desapareciera de la Tierra?

¿Qué pasaría si mañana de golpe, el islam desapareciera de la Tierra?

El día que desapareció el islam: un experimento mental bastante incómodo

No hablamos de una guerra. No hablamos de una prohibición. Tampoco de que todos los musulmanes se conviertan al cristianismo, al judaísmo, al budismo o al ateísmo.

Simplemente ocurre algo imposible, el islam desaparece.

Todos los textos religiosos relacionados con el islam dejan de tener significado religioso. Las personas que ayer eran musulmanas dejan de creer en el islam. Las mezquitas pierden su función religiosa. Las organizaciones islámicas dejan de existir como organizaciones religiosas.

Y ahora viene la pregunta interesante ¿Qué pasaría con el mundo? Bienvenidos al experimento mental más políticamente incorrecto 

 

08:00 — El mundo se despierta y nadie sabe muy bien qué ha pasado

En Casablanca, Yakarta, El Cairo, Estambul, Londres, París o Barcelona, millones de personas se despiertan y algo ha cambiado.

Ya no creen en el islam, no están enfadadas, no están tristes, Simplemente… Ya no creen.

Unos desayunan, otros van a trabajar, otros miran el móvil, y otros tienen una reunión bastante incómoda: ¿Y qué hacemos con la mezquita? El problema es que ahora es un edificio, nada más.

 

Primera consecuencia: Desaparece una religión… pero no desaparecen las personas

Aquí está la primera trampa del experimento. El islam desaparece, pero los seres humanos no. Habría aproximadamente 2.000 millones de personas que tendrían que reconstruir una parte de su identidad.

Y eso podría ser mucho más complicado de lo que parece. Porque una religión no es solamente una lista de creencias.

También proporciona: identidad; comunidad; rituales; calendarios; matrimonios; funerales; fiestas; instituciones; asociaciones; colegios; negocios; relaciones familiares;

Eliminar la religión no significa eliminar automáticamente todo eso, significa que hay que decidir ¿qué hacemos ahora con todo lo que construimos alrededor de ella?

 

Segunda consecuencia: Las mezquitas tendrían un problema inmobiliario monumental

Imaginemos el primer gran mercado inmobiliario de la historia provocado por una desaparición religiosa. Miles y miles de mezquitas quedarían sin función religiosa, y alguien tendría que decidir qué hacer con ellas.

 

Tercera consecuencia: El negocio halal recibe un golpe mortal

La desaparición del islam no solo afectaría a la religión, también afectaría a una enorme industria económica.

El informe State of the Global Islamic Economy 2025/26 estima que el consumo musulmán en seis sectores de la economía real —alimentación, farmacia, cosmética, moda modesta, viajes y medios/ocio— alcanzó aproximadamente 2,60 billones de dólares en 2024.

Eso significa que nuestro experimento acaba de pulsar el botón rojo de una gigantesca economía. 

Desaparecerían o tendrían que transformarse: Certificaciones halal; productos alimentarios halal; cosmética halal; turismo musulmán; hoteles orientados al mercado musulmán; determinados productos financieros islámicos; moda específicamente vinculada a normas religiosas; medios especializados; escuelas religiosas; editoriales especializadas.

No necesariamente desaparecería todo, pero tendría que cambiar de nombre, de público o de modelo.

El restaurante halal podría convertirse simplemente en un restaurante. El hotel “Muslim friendly” podría convertirse en un hotel normal. Y la empresa que certificaba que una hamburguesa era halal podría tener que buscar una nueva razón para existir.

 

Cuarta consecuencia: Billones de dólares buscan una nueva casa

La desaparición del islam no destruiría mágicamente todo ese dinero. El dinero seguiría existiendo, lo que desaparecería serían determinadas razones para gastarlo o invertirlo.

Las empresas tendrían que reinventarse, los inversores buscarían nuevos mercados, los bancos especializados en finanzas islámicas tendrían que adaptarse, y los productos financieros diseñados específicamente para cumplir principios de la sharía perderían su razón de ser.

Según DinarStandard, los activos de finanzas islámicas alcanzaron aproximadamente 5,99 billones de dólares en 2024 y el sector sigue creciendo.

En nuestro experimento, una parte de ese gigantesco ecosistema tendría que transformarse, no desaparecería necesariamente el capital, desaparecería el motivo religioso que lo organizaba, y eso provocaría una enorme reestructuración económica.

 

Quinta consecuencia: El calendario mundial cambia

Adiós al Ramadán, adiós al Eid al-Fitr, adiós al Eid al-Adha. Millones de personas dejan de organizar su vida alrededor de esos acontecimientos.

Las familias ya no organizan determinados encuentros, las ciudades dejan de prepararse para determinadas celebraciones.

Y aparecería una pregunta: ¿Qué hacemos ahora con todas esas fechas?

Probablemente surgirían nuevas fiestas, porque los seres humanos tenemos una extraña afición por inventar motivos para reunirnos, comer demasiado y felicitar a alguien.

 

Sexta consecuencia: Algunos países tendrían una crisis de identidad

Hay países cuyo nombre oficial incorpora directamente una referencia islámica. Por ejemplo, históricamente y en determinadas denominaciones oficiales aparecen fórmulas como República Islámica de Irán y República Islámica de Pakistán.

Si el islam desapareciera, tendríamos un pequeño problema de papelería. ¿Seguirían llamándose igual?

Probablemente habría que revisar constituciones, símbolos, instituciones y denominaciones oficiales.

 

Séptima consecuencia: la legislación tendría que reescribirse

Este sería uno de los cambios más profundos.

En algunos países musulmanes, la religión tiene una relación directa con el Estado, el derecho de familia o determinadas instituciones.

Si el islam desapareciera de golpe, habría que decidir: Qué ocurre con las leyes religiosas; qué ocurre con los tribunales religiosos; qué ocurre con determinados códigos familiares; qué ocurre con las instituciones religiosas; qué ocurre con la educación religiosa;

No sería simplemente “Quitamos el islam y seguimos con nuestra vida.”

Sería una gigantesca operación jurídica, probablemente una de las mayores reformas constitucionales simultáneas de la historia.

 

Octava  consecuencia: ¿Desaparecerían las guerras?

Sería muy fácil escribir: “Sin islam, se acabarían las guerras.”

Pero eso sería demasiado simple. Las guerras no tienen una sola causa, por tanto, eliminar el islam no eliminaría automáticamente la guerra, pero sí desaparecería una fuente concreta de movilización política, identidad y legitimación religiosa.

Los grupos yihadistas, por ejemplo, perderían precisamente aquello que utilizan como marco ideológico y religioso. Al Qaeda o ISIS no podrían existir tal y como los conocemos, eso sí sería un cambio enorme.

Pero probablemente otras formas de extremismo ocuparían parte del espacio, porque quitar una ideología no elimina automáticamente la necesidad humana de buscar enemigos.

 

Novena consecuencia: Algunos conflictos perderían una dimensión religiosa

Hay conflictos donde la religión desempeña un papel importante, en nuestro experimento, esa dimensión desaparecería, pero no necesariamente desaparecerían las disputas territoriales, nacionales o políticas.

Israel y Palestina no se convertirían mágicamente en Suiza. Seguirían existiendo cuestiones territoriales, nacionales, históricas y políticas.

La desaparición del islam podría modificar profundamente determinadas posiciones, actores y discursos, pero no borraría de golpe décadas de historia.

 

Décima consecuencia: Millones de personas tendrían una crisis de identidad

Imaginemos a una persona que durante toda su vida ha construido su identidad alrededor del islam. su familia, su matrimonio, sus valores, sus fiestas, su alimentación, su visión del mundo, y de repente, todo eso desaparece.

Para algunos sería una liberación, para otros, un vacío, y para otros, una crisis personal enorme.

Porque quitar una creencia no significa proporcionar automáticamente una nueva filosofía de vida.

 

Undécima consecuencia: Aparecería el gran mercado de sustitución

Millones de almas a la deriva (y la carrera de los rivales). Si desaparece una identidad colectiva de 2.000 millones de personas, no se quedaría inmune al mercado del alma, aparecerían otras, humanismo. cristianismo, budismo, espiritualidades alternativas, movimientos culturales.

 

Duodécima consecuencia: Europa tendría que replantearse muchas discusiones

En Europa llevamos años discutiendo cuestiones relacionadas con velo; mezquitas; símbolos religiosos; alimentación halal; radicalización; islamofobia.  En nuestro mundo hipotético, muchas de estas discusiones desaparecerían, pero aparecerían otras.

Porque la pregunta fundamental seguiría siendo: ¿cómo organizamos una sociedad democrática cuando existen personas con valores, creencias e identidades diferentes? Y esa pregunta no desaparecería con el islam.

 

Decimotercera consecuencia: El mundo no se convertiría automáticamente en un paraíso

Aquí está la moraleja que probablemente menos gusta a los extremos de ambos lados.

Si mañana desapareciera el islam no aparecería automáticamente un mundo perfecto.

No desaparecerían las dictaduras, ni las guerras, ni el fanatismo, ni los conflictos territoriales, ni la estupidez humana. Porque el ser humano tiene una capacidad bastante democrática para crear problemas.

 

Y entonces, ¿qué habríamos ganado?

Dependería de dónde. En algunos lugares podrían desaparecer determinadas formas de autoritarismo religioso.

Podrían desaparecer movimientos yihadistas, podrían desaparecer determinadas restricciones basadas en interpretaciones religiosas,  podrían desaparecer conflictos internos ligados a determinadas doctrinas.

Pero también desaparecerían millones de comunidades, tradiciones, obras culturales, instituciones benéficas, vínculos familiares y formas de identidad. Y para millones de personas eso podría ser una pérdida enorme. Porque una religión puede ser al mismo tiempo creencia, cultura, comunidad, identidad y esperanza.

 

El último día del experimento

A las 23:59, el experimento termina. El islam vuelve, las mezquitas vuelven a tener fieles, el halal vuelve, el Ramadán vuelve y las discusiones vuelven.

Pero queda una pregunta incómoda. Durante unas horas hemos podido observar qué cosas estaban realmente vinculadas a una religión y cuáles estaban vinculadas simplemente al poder, al dinero, a la cultura o a la política.

Y quizá esa sea la utilidad del experimento. No demostrar que el mundo sería mejor sin islam, ni demostrar que sería peor, sino obligarnos a mirar qué ocurre cuando eliminamos una de las grandes piezas de la civilización contemporánea y preguntamos ¿Qué queda?

Nuestro experimento mental no debería terminar con “¿Sería mejor un mundo sin islam?”

La pregunta interesante es otra ¿Qué parte de la sociedad moderna depende realmente de la religión y qué parte podría existir perfectamente sin ella?

Porque quizá el futuro europeo no consista en eliminar religiones.

Quizá consista en algo mucho más difícil, conseguir que ninguna religión tenga que desaparecer para que una democracia liberal pueda funcionar.

 

El diagnóstico final

El experimento mental demuestra una verdad incómoda: Si le quitas el Islam al planeta de golpe, no obtienes la utopía ilustrada ni el fin de las tensiones humanas. Lo que obtienes es una crisis masiva de identidad, un desajuste comercial brutal y la confirmación de que la humanidad es perfectamente capaz de buscarse nuevos motivos absurdos para pelearse, con o sin religión de por medio.

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