Egipto: De las minifaldas al hiyab obligatorio

Egipto: De las minifaldas al hiyab obligatorio

¿Cómo se volvió Egipto un país tan conservador en solo 70 años?

 

la islamización progresiva de la sociedad egipcia desde los años setenta, no fue un cambio impuesto de un día para otro, fue un proceso lento, que se extendió durante décadas.

Si alguien pudiera viajar al El Cairo de 1950 y después regresar al Egipto de hoy, probablemente pensaría que ha visitado dos países completamente distintos.

No hablamos de los edificios, las carreteras o la tecnología, hablamos de la forma de vestir, de pensar, de relacionarse entre hombres y mujeres y del papel que ocupa la religión en la vida cotidiana.

Si viajas hoy a El Cairo, lo que te encuentras es una metrópolis caótica, fascinante, pero sobre todo, profundamente conservadora. El velo (hiyab) es casi omnipresente, los códigos de vestimenta son estrictos, y la religión marca cada minuto del día y cada interacción social.

¿Qué pasó en el camino? ¿Cómo se transformó un país que era el faro de la modernidad árabe en un bastión del conservadurismo islámico?

Vamos a contarlo de forma sencilla, paso a paso y sin rodeos…

 

1. Los años 50 y 60: El Egipto cosmopolita, laico y «en minifalda»

Tras la revolución de 1952, liderada por el carismático presidente Gamal Abdel Nasser, Egipto se convirtió en una república que miraba al futuro con ojos laicos y socialistas.

La anécdota del velo: Hay un vídeo famosísimo en internet de Nasser en los años 50 dando un discurso. En él, cuenta entre risas que el líder de los Hermanos Musulmanes (el grupo islamista de la época) le había pedido que hiciera obligatorio el uso del velo para las mujeres en la calle. El público estalla a carcajadas. Nasser responde: «Le dije: ‘Tú tienes una hija en la facultad de medicina y no lleva velo, ¿por qué no empiezas por aplicártelo a ti mismo?'». Esa risa colectiva demuestra cómo se veía el conservadurismo entonces: como algo anticuado y marginal.

Moda y cultura sin complejos: En las universidades de El Cairo o Alejandría, las estudiantes vestían minifaldas, vestidos de cóctel y peinados a la moda parisina. El cine egipcio de la época dorada —el Hollywood del mundo árabe— mostraba actrices glamurosas, besos en pantalla, romance y debates modernos. La religión era algo privado; nadie te juzgaba en la calle por cómo ibas vestido o por lo que hacías en tu tiempo libre.

Las playas estaban llenas de bañadores similares a los que podían verse en Europa, no era una sociedad perfecta, existían desigualdades, pobreza y autoritarismo político, pero, desde el punto de vista de las costumbres, el ambiente urbano era mucho más abierto.

 

2. Los años 70: El pacto con el diablo de Anwar el-Sadat

El gran giro de timón comenzó tras la muerte de Nasser, cuando asumió el poder Anwar el-Sadat. Para consolidarse en el Gobierno y contrarrestar la fuerza de la izquierda (los seguidores de Nasser), Sadat cometió un error histórico: abrirle la puerta a los islamistas.

Los presos políticos a la calle: Sadat liberó a miles de miembros de los Hermanos Musulmanes que habían sido encarcelados en las décadas anteriores y les permitió hacer política en las universidades y los sindicatos.

La religión entra en la ley: En 1980, Sadat modificó la Constitución para declarar que los principios de la Sharía (la ley islámica) eran la fuente principal de la legislación egipcia. La semilla del conservadurismo estatal ya estaba plantada. Irónicamente, el propio Sadat acabó siendo asesinado en 1981 por extremistas islámicos a los que su propio sistema había dado alas.

 

3. El factor del Golfo Pérsico: El «dinero del petróleo» cambia la mentalidad

En paralelo a la política de Sadat, ocurrió un fenómeno sociológico brutal: la emigración masiva de trabajadores.

La influencia del wahabismo: Millones de egipcios de clase trabajadora emigraron a Arabia Saudí y a otros países del Golfo para trabajar en el boom del petróleo. Cuando regresaron a Egipto años después con los bolsillos llenos, no solo trajeron dinero; trajeron consigo la versión más estricta, austera y puritana del islam: el wahabismo.

El hiyab como símbolo de estatus: El hiyab pasó de ser minoritario a mayoritario

 Lo que antes se consideraba una vestimenta rural o anticuada empezó a verse como el estándar de la «mujer decente» y de buena familia. Poco a poco, la presión social en los barrios empezó a asfixiar a las mujeres que preferían no cubrirse el pelo. No llevar velo pasó a asociarse con la inmoralidad.

También cambió la vida cotidiana

La religión empezó a ocupar un espacio mucho más visible, aumentó el número de mezquitas, los programas religiosos ganaron presencia en televisión, los discursos de los predicadores alcanzaron a millones de personas.

Expresiones religiosas pasaron a formar parte de conversaciones cotidianas, la práctica religiosa adquirió una mayor visibilidad pública.

Cambió la relación entre hombres y mujeres

En muchos entornos crecieron las normas sociales sobre el contacto entre sexos, algunas familias comenzaron a limitar más la libertad de sus hijas.

Las relaciones antes del matrimonio pasaron a ser vistas con mayor rechazo en determinados ambientes, también aumentó la importancia atribuida al comportamiento considerado «modesto», especialmente para las mujeres.

No todas las familias vivieron estos cambios del mismo modo, pero la tendencia general fue hacia un mayor conservadurismo.

Los cristianos coptos también lo notaron

Egipto cuenta con una importante comunidad cristiana copta, presente desde mucho antes del nacimiento del islam.

Diversos estudios y testimonios han señalado que, en las últimas décadas, muchos coptos perciben un aumento de la presión social y de las tensiones religiosas, aunque la situación varía según la región y el momento político.

 

4. Los años 80 y 90: El conservadurismo «por goteo» con Mubarak

Bajo la larga dictadura de Hosni Mubarak, el Gobierno aplicó una estrategia contradictoria. Por un lado, perseguía militarmente al terrorismo yihadista, pero por el otro, intentaba «parecer más islámico que los propios islamistas» para no perder popularidad.

La invasión de la televisión y el espacio público: El Estado cedió los canales de televisión y las mezquitas a predicadores muy conservadores. Se normalizó un discurso que culpabilizaba a las mujeres de cualquier acoso que sufrieran si no vestían «con recato», se censuraron libros, se persiguió ferozmente al colectivo LGTBIQ+ y el pensamiento crítico empezó a ser visto como una traición cultural.

El auge del acoso callejero: A medida que la sociedad se obsesionaba más con el control del cuerpo de las mujeres, paradójicamente, las calles de El Cairo se volvieron unas de las más inseguras del mundo para ellas. 

El acoso verbal y físico se convirtió en una epidemia diaria, justificándose muchas veces por la vestimenta de la víctima.

 

5. El Egipto de hoy: La revolución fallida y el conservadurismo militar

La Primavera Árabe de 2011 trajo una tremenda ola de esperanza. Los jóvenes salieron a la plaza Tahrir pidiendo «pan, libertad y justicia social». Sin embargo, tras la caída de Mubarak, los Hermanos Musulmanes ganaron las elecciones y gobernaron durante un breve período, acelerando la agenda islámica.

Aunque el ejército dio un golpe de Estado en 2013 para apartarlos del poder y hoy gobierna el general Al-Sisi, el conservadurismo social no ha retrocedido. El régimen actual es dictatorial y laico en la teoría, pero en la práctica:

Mantiene el control social mediante la moral: Sigue persiguiendo a creadores de contenido en redes sociales (como chicas de TikTok) bajo la acusación de «atentar contra los valores familiares egipcios».

Una sociedad a la defensiva: Setenta años de adoctrinamiento conservador han calado hondo. La gran mayoría de la población egipcia actual ha crecido bajo la idea de que ser un «buen patriota» equivale a ser un musulmán tradicionalista y devoto, dejando poquísimo margen para la disidencia, el laicismo o la diversidad.

 

La gran lección

Una de las ideas más repetidas es que el Egipto actual representa la esencia inmutable de su cultura.

Sin embargo, basta con observar las fotografías, el cine y la vida cotidiana de hace setenta años para comprobar que las sociedades cambian.

Las normas sociales que hoy parecen naturales pueden haber sido muy distintas en otra época.

Comprender esa evolución histórica no significa idealizar el pasado ni rechazar la religiosidad de millones de personas. Significa reconocer que las costumbres no son estáticas y que la relación entre religión, cultura y sociedad está en constante transformación.

Ese quizá sea el principal aprendizaje que ofrece el caso egipcio: si una sociedad puede cambiar profundamente en una dirección a lo largo de unas décadas, también puede seguir cambiando en el futuro. La historia de Egipto muestra que ninguna cultura está completamente detenida en el tiempo y que los debates sobre libertad, tradición, identidad y modernidad forman parte de un proceso abierto que continúa hoy.

 

Conclusión: El precio de perder la libertad individual

El viaje de Egipto desde los años 50 hasta el día de hoy es la prueba de que el progreso y la libertad no son caminos que solo van hacia adelante; también se puede retroceder.

Egipto cambió su vibrante diversidad cultural y su mentalidad mediterránea abierta por un conservadurismo gris y moralista que, lejos de solucionar los problemas económicos y sociales del país, ha encorsetado la vida de sus ciudadanos, especialmente de las mujeres.

 Aquellas risas en blanco y negro del público de Nasser ante la idea del velo obligatorio hoy suenan a una época dorada de libertad que parece tristemente lejana.

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