EL ECOSISTEMA DEL PODER ISLÁMICO EN EGIPTO

EL ECOSISTEMA DEL PODER ISLÁMICO EN EGIPTO

Para entender el islam en Europa, hay que mirar a sus raíces

Para entender el islam en Europa hay que mirar más allá de las fronteras europeas.

El islam que encontramos hoy en Europa no ha nacido en Europa. Sus ideas, sus corrientes religiosas, sus instituciones, sus líderes y muchas de sus formas de organización tienen sus raíces en países donde el islam es mayoritario.

Por eso, si queremos comprender correctamente qué tipo de islam está llegando a Europa, de dónde viene, quién lo representa y qué influencia puede tener, primero debemos conocer lo que ocurre en sus países de origen.

No existe un único islam. Existen diferentes corrientes, escuelas religiosas, organizaciones e interpretaciones. También existen grandes diferencias entre países. El islam de Egipto no es exactamente igual al de Argelia, Marruecos, Arabia Saudí, Turquía o los países del Golfo.

Además, la religión no funciona siempre separada del poder. En muchos países musulmanes, las instituciones religiosas mantienen relaciones importantes con el Estado, los gobiernos, los militares, los empresarios y diferentes organizaciones sociales. Estas relaciones pueden influir en la manera en que se interpreta y se transmite el islam.

Y parte de esa influencia puede llegar a Europa a través de mezquitas, asociaciones, organizaciones religiosas, financiación, centros educativos, líderes religiosos, redes internacionales o comunidades de inmigrantes.

Por eso, estudiar el islam en Europa sin estudiar también sus raíces puede llevarnos a una visión incompleta.

La pregunta no es solamente ¿qué islam existe en Europa?”

También debemos preguntarnos: ¿De dónde viene? ¿Quién lo financia? ¿Quién lo representa? ¿Qué instituciones hay detrás? ¿Qué corriente religiosa defiende? ¿Qué relación mantiene con el poder político de su país de origen? ¿Y cómo cambia cuando llega a Europa?

En esta serie de artículos vamos a analizar precisamente ese ecosistema.

País por país, estudiaremos sus instituciones religiosas, sus principales corrientes, quién tiene poder dentro de ellas, cómo se financian, qué relación mantienen con la política, los empresarios y otras estructuras de poder, y qué conexiones pueden existir con Europa.

El objetivo es conocer sus raíces para entender mejor su presencia en Europa. Porque para poder relacionarnos correctamente con cualquier fenómeno, primero tenemos que entender cómo funciona, de dónde viene y quiénes son sus principales actores.

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El ecosistema del poder islámico en Egipto no se limita a la fe de sus ciudadanos, sino que constituye una compleja maquinaria donde se entrelazan la religión oficial del Estado, la política de los cuarteles, los grandes intereses económicos y las redes internacionales de influencia. A diferencia de otros países, en Egipto la autoridad religiosa compite y coopera de cerca con el poder militar, que actúa como el verdadero timón del país.

 

Al-Azhar, el Ejército, el Gobierno, los Hermanos Musulmanes, el dinero y la lucha por controlar el islam. Egipto no tiene un solo poder islámico

Si queremos entender el islam en Egipto, hay una pregunta que debemos hacernos desde el principio: ¿Quién tiene autoridad para hablar en nombre del islam egipcio?

La respuesta no es sencilla. En Marruecos podemos identificar con bastante claridad al rey como centro de la autoridad religiosa.

En Egipto la situación es diferente. Aquí encontramos varios centros de poder: El presidente,, el Ejército, Al-Azhar, el Ministerio de Awqaf,Dar al-Ifta, las organizaciones religiosas, los empresarios, y, durante décadas, diferentes movimientos salafistas e islamistas.

Por eso Egipto es especialmente interesante. No estamos ante un sistema en el que el Estado simplemente controla la religión. Estamos ante una lucha permanente por controlar, definir y utilizar la religión.

Y en el centro de esa lucha aparece una institución excepcional: Al-Azhar, una institución que tiene más de mil años de historia, enorme prestigio religioso y una influencia que supera ampliamente las fronteras de Egipto.

 

Primero hay que entender el Estado egipcio

La Constitución egipcia establece que, el islam es la religión del Estado; los principios de la sharia son la principal fuente de legislación; Al-Azhar es una institución islámica científica independiente; Al-Azhar tiene competencia exclusiva sobre sus propios asuntos; es responsable de predicar el islam y difundir las ciencias religiosas y la lengua árabe; el Estado debe proporcionarle financiación suficiente para cumplir sus objetivos.

Por tanto, Egipto tiene una característica peculiar, la religión no está separada del Estado, pero tampoco podemos decir que el Estado tenga un control absoluto sobre todas las instituciones religiosas. Y ahí comienza la batalla.

 

El primer actor, el presidente

Desde la revolución de 1952, el presidente ocupa una posición extraordinariamente poderosa en Egipto. Gamal Abdel Nasser. Anwar el-Sadat. Hosni Mubarak. Mohamed Morsi. Abdel Fattah el-Sisi.

Los cuatro primeros presidentes de la República procedían de entornos diferentes, pero el Ejército estuvo en el origen del régimen republicano y conservó una posición central. Con Sisi, esa relación llegó a una nueva fase.

Sisi fue ministro de Defensa y comandante de las Fuerzas Armadas antes de convertirse en presidente. Por eso, para entender el poder religioso actual, hay que colocar dos instituciones juntas, PRESIDENCIA , EJÉRCITO, Y después preguntarnos: ¿Cómo se relacionan ambos con Al-Azhar?

 

El gigante religioso, Al-Azhar

Al-Azhar no es simplemente una universidad. Es simultáneamente: Universidad, centro de estudios islámicos, red educativa, institución religiosa, referencia internacional del islam suní, actor político.

Su importancia es enorme. La Constitución egipcia reconoce a Al-Azhar como la principal autoridad institucional sobre asuntos teológicos y religiosos.

El Gran Imán es elegido por el Consejo de Ulemas de Al-Azhar y posteriormente nombrado formalmente por el presidente. Su mandato es vitalicio y el presidente no tiene capacidad legal para destituirlo. 

Esto es importantísimo, porque significa que el presidente es muy poderoso, pero no puede simplemente despedir al Gran Imán cuando existe un desacuerdo, por tanto, Al-Azhar conserva un espacio de autonomía.

 

Al-Azhar no es simplemente una extensión del Gobierno

Esta es una de las cosas que más fácilmente se pueden entender mal.

Al-Azhar recibe financiación pública. Forma parte del sistema institucional del Estado. Pero eso no significa que todos sus dirigentes obedezcan automáticamente al presidente.

Los estudios sobre la política religiosa egipcia muestran precisamente una tensión permanente entre Al-Azhar y el poder político. La institución ha mantenido una identidad propia y ha intentado proteger su autonomía frente a la Presidencia y frente a otras instituciones religiosas estatales.

Es decir: Al-Azhar necesita al Estado, pero el Estado también necesita a Al-Azhar. Y esa dependencia mutua produce negociación y conflicto.

 

¿Por qué el Gobierno necesita a Al-Azhar?

Porque Al-Azhar posee algo que el Ejército no puede fabricar, legitimidad religiosa.

Un presidente puede tener policía, un Gobierno puede aprobar leyes, pero ninguno de ellos puede convertirse automáticamente en una autoridad religiosa respetada por millones de musulmanes.

Al-Azhar sí tiene esa capacidad, por eso el poder político necesita su reconocimiento.

Cuando Al-Azhar apoya una determinada posición, esa posición puede adquirir una legitimidad religiosa que el Gobierno por sí solo no posee.

 

Pero Al-Azhar también necesita al Estado

Aquí está la otra mitad de la ecuación. Al-Azhar recibe financiación estatal, el Estado proporciona recursos para que pueda mantener su enorme estructura educativa y religiosa.

Por tanto, Gobierno → dinero / Al-Azhar → legitimidad religiosa

Esta relación es una de las claves del sistema, no es exactamente subordinación, tampoco es independencia. Es una relación de dependencia mutua.

 

El Gran Imán

Actualmente la figura central de Al-Azhar es el Gran Imán Ahmed al-Tayeb. Su posición es particularmente importante porque ocupa un puesto con protección institucional frente a la Presidencia. Esto le permite mantener posiciones propias.

Durante diferentes momentos de la historia reciente, Al-Azhar ha mostrado desacuerdos con decisiones políticas y religiosas del Gobierno. Eso explica por qué Sisi ha intentado reforzar también otras instituciones religiosas. Y aquí aparece otro actor.

 

El Ministerio de Awqaf

Awqaf significa aproximadamente “bienes religiosos de fundación”.

El Ministerio de Awqaf administra una enorme parte del aparato religioso cotidiano. 

Sus responsabilidades incluyen: Mezquitas, imanes, predicación, patrimonio religioso, formación religiosa, supervisión de los sermones, y parte de la administración de los bienes religiosos.

El Gobierno nombra, paga y supervisa a los imanes de las mezquitas autorizadas. Los predicadores necesitan autorización y el Ministerio puede sancionar a quienes incumplan las reglas. Esto permite al Estado ejercer una enorme influencia sobre lo que ocurre dentro de las mezquitas.

 

El sermón del viernes, una herramienta de poder

Aquí encontramos una pieza fundamental. El viernes, millones de musulmanes acuden a las mezquitas. El sermón puede ser una de las herramientas de comunicación social más poderosas de cualquier sociedad musulmana.

Por eso el Estado egipcio intenta controlar quién predica y qué se predica. El Ministerio de Awqaf puede proporcionar los temas y textos de los sermones. Los imanes que siguen determinadas directrices pueden recibir incentivos, mientras que aquellos que incumplen las reglas pueden ser sancionados o incluso perder su licencia.  

En otras palabras, controlar el púlpito significa controlar una parte importante de la comunicación religiosa.

 

Y aparece Dar al-Ifta

Aquí tenemos otra institución que muchas veces queda olvidada.

Dar al-Ifta al-Misriyyah, la Casa Egipcia de la Fatwa. Fue creada en 1895 y comenzó vinculada al Ministerio de Justicia.

Su función principal es emitir fatwas, es decir, opiniones jurídicas religiosas sobre cuestiones planteadas por ciudadanos, instituciones y autoridades.

Actualmente se presenta como una institución gubernamental sin ánimo de lucro que funciona con independencia operativa y tiene una importante actividad internacional. 

Su papel es enorme. Puede pronunciarse sobre: Matrimonio , divorcio, finanzas, herencias, comportamiento socia, cuestiones médicas, terrorismo, extremismo, y cientos de cuestiones cotidianas.

Por eso: Al-Azhar y Dar al-Ifta son dos centros de autoridad religiosa diferentes.

 

¿Quién puede emitir una fatwa?

Aquí el sistema egipcio es bastante complejo.

Según el informe sobre libertad religiosa del Departamento de Estado estadounidense, existen cuatro entidades autorizadas para emitir fatwas oficialmente: Consejo de Ulemas de Al-Azhar, Academia de Investigación Islámica de Al-Azhar, Dar al-Ifta, Dirección General de Fatwas del Ministerio de Awqaf. Esto significa que tampoco existe una única voz religiosa, hay varias, y eso crea competencia.

Cuatro centros de autoridad

Podemos dibujar el sistema así:

AL-AZHAR, Autoridad académica y religiosa.

DAR AL-IFTA, Fatwas y asesoramiento jurídico-religioso.

MINISTERIO DE AWQAF, Mezquitas, imanes y predicación.

PRESIDENCIA, Poder político y dirección del Estado.

Y encima o alrededor de todo esto, EJÉRCITO Y SERVICIOS DE SEGURIDAD, El poder coercitivo y estratégico del Estado.

Esto explica por qué Egipto es mucho más complicado que Marruecos.

 

El gran actor invisible: El Ejército

Si queremos entender Egipto, no podemos colocar al Ejército en un segundo plano. Desde la creación de la República en 1952, las Fuerzas Armadas han tenido un papel político central. Y después de 2013 ese papel aumentó considerablemente.

En julio de 2013 el Ejército expulsó del poder al presidente Mohamed Morsi, que había llegado a la Presidencia mediante elecciones. Posteriormente Abdel Fattah el-Sisi, entonces ministro de Defensa, llegó a la Presidencia.

Desde entonces el Ejército se ha convertido en uno de los principales centros de poder del país.

El Ejército no controla solamente las armas

Aquí aparece una característica especialmente importante.

Las Fuerzas Armadas egipcias tienen también una enorme presencia económica. Fabrican productos. Participan en construcción. Gestionan proyectos de infraestructura. Intervienen en producción alimentaria.Trabajan con terrenos y recursos públicos. Participan en diferentes sectores industriales. Y existen redes de oficiales retirados que ocupan posiciones importantes en empresas y organismos estatales.

Investigaciones del Carnegie Endowment describen al Ejército como un actor económico autónomo capaz de influir en mercados, inversiones y políticas públicas. Esto cambia completamente nuestro mapa.

Ejército + economía + política

Podemos resumirlo así:

EJÉRCITO = control político, acceso a recursos públicos, contratos, empresas, infraestructuras, influencia económica

Esto significa que el poder militar no depende únicamente del presupuesto de Defensa. Existe un ecosistema económico alrededor de las Fuerzas Armadas.

Y el Ejército también entra en el mundo religioso

Investigaciones sobre la economía militar egipcia han señalado que empresas y organismos vinculados a las Fuerzas Armadas han entrado también en actividades relacionadas con bienes religiosos y peregrinaciones. También se documenta la participación de oficiales retirados en actividades económicas vinculadas a rutas y servicios de peregrinación.

Esto demuestra que las fronteras entre: Militar, Estado, economía y religión están mezcladas

 

Los empresarios, primero los “whales” de Mubarak

Para entender la relación entre empresarios y poder tenemos que retroceder a Hosni Mubarak. Durante las últimas décadas de su régimen apareció una poderosa clase de empresarios vinculados al poder político.

Especialmente alrededor de: Gamal Mubarak y Partido Nacional Democrático. Estos empresarios consiguieron contratos, acceso a recursos, privatizaciones y posiciones económicas privilegiadas.

Carnegie señala que durante las décadas de 1990 y 2000 los empresarios conectados con Mubarak y su hijo Gamal llegaron a tener más peso económico que las empresas vinculadas directamente al Ejército.  Esto creó una rivalidad.

Por un lado: Empresarios civiles conectados con la Presidencia.

Por otro: Ejército y oficiales. La revolución de 2011 alteró completamente ese equilibrio.

 

2011: El sistema se rompe

En 2011 cae Mubarak. El Ejército toma temporalmente el control político. Y aparece una oportunidad que los Hermanos Musulmanes llevaban décadas esperando.

 

Los Hermanos Musulmanes: El gran poder religioso alternativo

Los Hermanos Musulmanes fueron fundados en Egipto en 1928. Durante décadas desarrollaron una enorme red social. No eran solamente una organización política.

También construyeron escuelas, hospitales, farmacias , organizaciones benéficas, mezquitas y estructuras de asistencia.

Ese modelo les permitió construir una relación directa con sectores de la población. Su gran fortaleza no era únicamente religiosa, era también social y organizativa.

Mohamed Morsi, cuando el islamismo llega al Estado

Después de la revolución de 2011, los Hermanos Musulmanes ganaron las elecciones legislativas y Mohamed Morsi llegó a la Presidencia en 2012.

Por primera vez, un movimiento islamista organizado llegaba al centro del Estado egipcio.

Pero Morsi cometió un error fundamental desde el punto de vista del equilibrio de poder, gobernar Egipto no significaba controlar el Estado egipcio.

El Ejército seguía siendo extremadamente poderoso. También existían, Al-Azhar, aparato judicial, policía, servicios de inteligencia, intereses económicos, medios de comunicación y numerosas élites que no estaban bajo control de los Hermanos Musulmanes.

2013: el choque definitivo

En 2013 la tensión política llegó al límite. El Ejército intervino. Morsi fue depuesto y la Hermandad fue posteriormente prohibida y perseguida.

La organización fue declarada terrorista por el Gobierno y su estructura política quedó destruida dentro de Egipto. El resultado fue radical. El Estado pasó a considerar a los Hermanos Musulmanes no simplemente como un adversario electoral, sino como una amenaza de seguridad nacional.

El Estado destruye la infraestructura social de la Hermandad

Aquí hay un aspecto que merece mucha atención. El Estado no se limitó a prohibir el partido. También atacó la infraestructura social que había permitido a la Hermandad construir influencia.

Investigaciones académicas describen cuatro estrategias, nacionalización, corporativización, extracción de recursos, creación de nuevas instituciones, para colocar bajo control estatal el sector de servicios islámicos.

En diciembre de 2013, más de mil asociaciones islámicas fueron intervenidas. 

Es una cuestión fundamental. Porque controlar la religión no significa solamente controlar mezquitas.También significa controlar, quién ayuda a los pobres, quién administra escuelas, quién proporciona servicios, quién recoge donaciones, quién organiza asociaciones, quién construye una red social.

 

El gran cambio bajo Sisi

El modelo de Sisi puede resumirse así:

Antes, Islam oficial, Al-Azhar, Hermandad, salafistas, organizaciones caritativas, mezquitas independientes

Después de 2013, El Estado intenta concentrar el espacio religioso. Menos autonomía para asociaciones, más control de las mezquitas y los imanes, más control sobre la financiación religiosa y sobre las organizaciones islámicas, y más vigilancia sobre el discurso religioso.

La investigación académica describe precisamente este proceso como una reconstrucción autoritaria del sector islámico. 

¿Significa esto que Sisi controla Al-Azhar?

No completamente. Y aquí hay que evitar una simplificación.

Sisi ha intentado fortalecer las instituciones estatales bajo control ejecutivo, pero Al-Azhar mantiene una autonomía considerable. De hecho, investigadores han descrito una tensión permanente entre el Gobierno y Al-Azhar.

El Gobierno necesita una institución religiosa que legitime el Estado, pero Al-Azhar no quiere convertirse simplemente en una oficina del Gobierno.

Por eso existe una especie de equilibrio incómodo: El Estado quiere utilizar la autoridad de Al-Azhar, pero no siempre puede controlarla completamente.

 

Al-Azhar frente al Ejército

Esta es probablemente una de las relaciones más interesantes.

El Ejército posee: Poder coercitivo, dinero, empresas, territorio, capacidad política.

Al-Azhar posee: legitimidad religiosa, conocimiento religioso, prestigio histórico, red educativa

Ninguno puede sustituir completamente al otro, por eso podemos pensar en una especie de intercambio:

Ejército “Yo puedo mantener el Estado.”, Al-Azhar “Yo puedo aportar legitimidad religiosa.”. Y ambos necesitan evitar que aparezca un tercer actor capaz de dominar el espacio religioso: El islamismo político independiente.

 

El enemigo común: El islamismo independiente

Después de 2013, el régimen ha tratado de eliminar o neutralizar las estructuras islamistas independientes.

Pero aquí aparece una paradoja. El Estado necesita combatir el extremismo, pero para hacerlo necesita también controlar el discurso religioso.

Por eso aparecen políticas destinadas a: controlar sermones, formar imanes, regular mezquitas, supervisar asociaciones, controlar financiación, promover determinados discursos religiosos.

El Gobierno presenta estas medidas como herramientas contra el extremismo, y también pueden interpretarse también como mecanismos de control político.

 

¿Y los salafistas?

Los salafistas constituyen otro elemento importante.

Después de 2011, algunos movimientos salafistas adquirieron una presencia política considerable. El Partido al-Nour llegó a ser una fuerza electoral importante.

Pero después de 2013 su espacio político se redujo considerablemente.

El régimen de Sisi ha preferido un modelo de islam religioso controlado por el Estado, frente a islam político organizado independientemente del Estado.

Esta diferencia es fundamental. El Gobierno no pretende eliminar el islam. Pretende eliminar o neutralizar centros de poder islámico que puedan competir políticamente con el Estado.

 

El dinero: ¿Quién financia el islam egipcio?

Aquí tenemos que separar diferentes fuentes.

1. Estado, financia instituciones como Al-Azhar.

2. Ministerio de Awqaf, administra bienes religiosos y financia parte de la estructura de mezquitas e imanes.

3. Habices / Awqaf, Son bienes destinados a fines religiosos y sociales.

4. Donaciones privadas, especialmente importantes históricamente en organizaciones religiosas y caritativas.

5. Empresarios, pueden financiar iniciativas religiosas y caritativas.

6. Organizaciones sociales, Durante décadas tuvieron un papel importante en la prestación de servicios.

7. Financiación exterior, ha sido un elemento importante en determinados momentos y sectores, especialmente en relación con movimientos islamistas y redes religiosas transnacionales.

La cuestión fundamental es que el dinero genera autonomía. Una organización que controla su propio dinero puede crear escuelas, hospitales, mezquitas, medios, asociaciones, redes de ayuda, por eso el control de la financiación es también control del poder.

El dinero de la caridad

Este punto merece especial atención.

Imaginemos una familia pobre. Tiene dos opciones:

  1. Recibir ayuda del Estado.
  2. Recibir ayuda de una organización religiosa.

Si la organización religiosa proporciona alimentos; medicinas; educación; ayuda económica; empleo; asistencia social.. Esa organización construye algo más importante que una buena reputación: dependencia social.

Y la dependencia social puede convertirse en influencia política. Esto explica por qué las organizaciones caritativas estuvieron durante décadas en el centro de la competencia entre el Estado y los Hermanos Musulmanes.

 

El poder externo de Egipto

Aquí llegamos a otra dimensión fundamental.

El ecosistema islámico egipcio no termina en Egipto.

Al-Azhar es una institución global. Su influencia llega a África, Asia, Oriente Medio, Europa y comunidades musulmanas de todo el mundo.

Dar al-Ifta también pretende convertirse en una referencia internacional para la emisión de fatwas y afirma explícitamente que su actividad se dirige a musulmanes de todo el mundo. 

Por tanto, Egipto tiene algo que otros Estados no tienen, una enorme infraestructura de autoridad religiosa internacional.

 

Al-Azhar como “marca” internacional del islam suní

Durante siglos, Al-Azhar ha acumulado prestigio.

Un estudiante africano puede estudiar en Al-Azhar. Un musulmán europeo puede consultar una fatwa egipcia. Un gobierno extranjero puede buscar cooperación religiosa. Un imam puede formarse en Egipto.

Esto genera poder blando, Egipto puede influir en otros países no solamente mediante diplomacia o ejército. También mediante educación religiosa. formación de imanes, fatwas, libros, conferencias, cooperación religiosa.

 

La lucha por el islam también es una lucha geopolítica

Aquí el asunto se vuelve todavía más interesante. Egipto compite indirectamente con otros centros de autoridad islámica como Arabia Saudí, Marruecos, Qatar, Turquía y otros países.

Cada uno intenta promover determinadas interpretaciones, instituciones o redes. Por eso el islam no es solamente una cuestión espiritual. También puede ser diplomacia, poder blando, influencia regional, seguridad

 

La gran batalla, controlar la autoridad

Y aquí llegamos al corazón del problema.

La verdadera lucha no es solamente: “¿Es Egipto un Estado islámico?”

La pregunta mucho más interesante es, ¿Quién tiene derecho a definir qué significa el islam en Egipto?

Los Hermanos Musulmanes respondieron, la sociedad musulmana organizada.

Al-Azhar responde, los ulemas y la tradición académica.

El Ministerio de Awqaf responde, la institución religiosa regulada por el Estado.

Dar al-Ifta responde, los especialistas autorizados en jurisprudencia.

El Gobierno responde, el Estado debe garantizar la estabilidad y combatir el extremismo.

Y el Ejército aporta algo diferente, la capacidad de imponer el orden político.

 

Y aquí aparece una paradoja enorme

Egipto intenta controlar el islam para impedir que el islam político controle el Estado.

Es decir, el Estado controla la religión para evitar que una organización religiosa controle el Estado. Esta es probablemente una de las mejores frases para resumir el modelo egipcio.

Pero tiene una consecuencia, cuanto más controla el Estado el discurso religioso, más difícil resulta saber dónde termina la religión y dónde empieza la política.

 

¿Es Egipto un Estado laico?

No. La Constitución establece que el islam es la religión del Estado y que los principios de la sharia son la principal fuente de legislación. 

Pero tampoco es una república islámica al estilo iraní. El sistema egipcio es diferente.

Podríamos definirlo como, un Estado republicano autoritario con una religión, el islam, constitucionalmente privilegiada y un aparato estatal que intenta controlar el campo religioso.

Y dentro de ese campo existe una institución con una autonomía extraordinaria, Al-Azhar.

 

CONCLUSIÓN

Egipto no tiene un dueño del islam, tiene una lucha por la autoridad religiosa, el ecosistema islámico egipcio es mucho más complejo de lo que parece, no existe una sola institución que controle todo.

El Ejército tiene las armas, el Gobierno tiene el Estado, pero Al-Azhar tiene algo diferente autoridad religiosa. Y por eso la relación entre el Ejército, el Gobierno y Al-Azhar es una de las claves para entender Egipto.

La gran paradoja es que el régimen necesita una institución religiosa suficientemente fuerte para darle legitimidad, pero suficientemente controlada para no convertirse en un poder político independiente.

Y Al-Azhar necesita al Estado para financiar su enorme estructura, pero también necesita conservar suficiente autonomía para seguir siendo creíble como autoridad religiosa.

Mientras tanto, el Gobierno intenta mantener fuera del sistema a los Hermanos Musulmanes y controlar las redes religiosas independientes, especialmente sus recursos sociales y económicos. La persecución y desmantelamiento de las estructuras de la Hermandad después de 2013 fue una pieza fundamental de esta estrategia. 

El resultado es un sistema que podría resumirse así, en Egipto, el poder político necesita al islam, pero no quiere que el islam tenga un poder político independiente. Y esa tensión explica buena parte de la política egipcia contemporánea.

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