El Islam en la escuela pública

El Islam en la escuela pública

 

Alá en la pizarra: El dificil encaje del Islam en la escuela pública española

Si hay un deporte nacional en España más practicado que la conversación sobre el tiempo en el ascensor, es el debate sobre qué demonios debe enseñarse en la escuela pública. Y si metemos en la coctelera la palabra «religión», el cóctel no solo se agita: directamente explota.

Desde hace décadas, el modelo español vive en una paradoja fascinante: nos declaramos un Estado aconfesional en la Constitución, pero los viernes hay clase de Religión Católica y, por ley, también debería haberla de Islam, Judaísmo o Evangelismo si hay un número suficiente de alumnos que lo pidan.

Pero, ¿qué pasa cuando intentamos encajar la enseñanza del Islam dentro de las aulas de un colegio público en pleno siglo XXI? Pues que saltan chispas, saltan dudas y, sobre todo, salta el gran debate sobre los valores de una democracia liberal.

 

El escenario actual: ¿Qué dice la ley y qué pasa en la realidad?

Para ponernos en situación: desde los acuerdos del Estado con la Comisión Islámica en 1992, la teoría dice que si en un centro público hay al menos 10 alumnos que solicitan Religión Islámica, la administración debe poner un profesor (pagado con dinero público, claro).

La realidad, como casi siempre en España, va a otro ritmo. En algunas comunidades autónomas el servicio existe; en otras, conseguir plaza para esta asignatura es más difícil que encontrar sombra en Madrid a cuatro de agosto.

 

Una realidad que ya está aquí

España cuenta con cientos de miles de alumnos procedentes de familias musulmanas o de tradición islámica. Muchos han nacido en España, hablan español mejor que el idioma de sus padres y se sienten tan españoles como cualquiera de sus compañeros.

Por tanto, la cuestión ya no es si el Islam está presente en las escuelas españolas. La cuestión es cómo debe gestionarse esa presencia dentro de una democracia liberal. Y ahí empiezan los problemas.

 

Los argumentos a favor

Los defensores de una mayor presencia del Islam en la escuela pública suelen presentar varios argumentos razonables.

 Igualdad religiosa, Si existen clases de religión católica, argumentan, también deberían existir clases de religión islámica. Desde este punto de vista, el Estado no debería favorecer una religión sobre otra.

La lógica parece sencilla: «Si una puerta está abierta para unos, debería estar abierta para todos.»

Integración, Algunos creen que ofrecer enseñanza religiosa islámica dentro de la escuela pública ayuda a integrar mejor a los alumnos musulmanes.

La idea es que una formación supervisada por el Estado puede evitar que la educación religiosa quede exclusivamente en manos de centros informales o de imanes sin control académico.

Respeto a la diversidad, España es una sociedad cada vez más diversa. Sus defensores consideran que la escuela debe reflejar esa realidad y enseñar a convivir con diferentes culturas y creencias.

 

Los argumentos en contra

Los críticos plantean preguntas igualmente importantes.

¿Debe la escuela enseñar religión? Algunos consideran que el verdadero problema no es el Islam. El problema sería cualquier religión.

Según esta visión, la misión de la escuela pública es enseñar conocimientos verificables, pensamiento crítico y ciudadanía democrática. No enseñar dogmas religiosos.

Si el objetivo es formar ciudadanos libres, dicen, quizá la solución no sea añadir más religión, sino menos.

El conflicto con algunos valores democráticos . Aquí aparece el elefante en la habitación.

La mayoría de musulmanes españoles son personas pacíficas y respetuosas con las leyes. Sin embargo, algunas interpretaciones tradicionales del Islam contienen ideas que chocan con principios básicos de las democracias liberales.

Por ejemplo:Diferencias jurídicas entre hombres y mujeres. Restricciones a la libertad religiosa. Castigos por apostasía en algunos países. Rechazo de determinadas orientaciones sexuales. Limitaciones a la libertad de expresión.

La pregunta es inevitable: ¿Puede una escuela pública enseñar una religión sin transmitir también algunas de esas ideas? Y si elimina esas partes, ¿sigue siendo realmente enseñanza religiosa tradicional?

 

Conclusión: ¿Asignatura de fe o cultura religiosa?

Hacer encajar el Islam dentro del marco de la escuela pública en una democracia liberal es como intentar meter un elefante en un Seat Ibiza: por mucho que aprietes, algo se va a romper.

Quizá la solución que piden cada vez más educadores y pensadores no sea abrir más casillas de distintas religiones en la matrícula, sino cambiar el chip por completo: sacar el dogma de las aulas públicas y sustituirlo por una asignatura de Historia de las Religiones.

Así, los alumnos aprenderían qué es el Islam, el Cristianismo, el Judaismo o el Budismo como fenómenos culturales e históricos que han moldeado la humanidad, sin que el Estado tenga que financiar la catequesis de nadie. Porque la escuela pública debe ser el lugar donde todos los niños se encuentren en lo que tienen en común, no donde se les ordene por el dios en el que creen sus padres.

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