Para entender el islam en Europa, hay que mirar a sus raíces
Para entender el islam en Europa hay que mirar más allá de las fronteras europeas.
El islam que encontramos hoy en Europa no ha nacido en Europa. Sus ideas, sus corrientes religiosas, sus instituciones, sus líderes y muchas de sus formas de organización tienen sus raíces en países donde el islam es mayoritario.
Por eso, si queremos comprender correctamente qué tipo de islam está llegando a Europa, de dónde viene, quién lo representa y qué influencia puede tener, primero debemos conocer lo que ocurre en sus países de origen.
No existe un único islam. Existen diferentes corrientes, escuelas religiosas, organizaciones e interpretaciones. También existen grandes diferencias entre países. El islam de Egipto no es exactamente igual al de Argelia, Marruecos, Arabia Saudí, Turquía o los países del Golfo.
Además, la religión no funciona siempre separada del poder. En muchos países musulmanes, las instituciones religiosas mantienen relaciones importantes con el Estado, los gobiernos, los militares, los empresarios y diferentes organizaciones sociales. Estas relaciones pueden influir en la manera en que se interpreta y se transmite el islam.
Y parte de esa influencia puede llegar a Europa a través de mezquitas, asociaciones, organizaciones religiosas, financiación, centros educativos, líderes religiosos, redes internacionales o comunidades de inmigrantes.
Por eso, estudiar el islam en Europa sin estudiar también sus raíces puede llevarnos a una visión incompleta.
La pregunta no es solamente “¿qué islam existe en Europa?”
También debemos preguntarnos: ¿De dónde viene? ¿Quién lo financia? ¿Quién lo representa? ¿Qué instituciones hay detrás? ¿Qué corriente religiosa defiende? ¿Qué relación mantiene con el poder político de su país de origen? ¿Y cómo cambia cuando llega a Europa?
En esta serie de artículos vamos a analizar precisamente ese ecosistema.
País por país, estudiaremos sus instituciones religiosas, sus principales corrientes, quién tiene poder dentro de ellas, cómo se financian, qué relación mantienen con la política, los empresarios y otras estructuras de poder, y qué conexiones pueden existir con Europa.
El objetivo es conocer sus raíces para entender mejor su presencia en Europa. Porque para poder relacionarnos correctamente con cualquier fenómeno, primero tenemos que entender cómo funciona, de dónde viene y quiénes son sus principales actores.
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En Marruecos, entender el poder exige entender la religión
Quién controla la religión, quién la financia y cómo se relacionan el rey, los ulemas, la política, los empresarios y el ejército
Cuando hablamos del islam en Marruecos solemos pensar en mezquitas, imanes, Ramadán, Corán o tradiciones religiosas. Pero eso es solamente una parte de la historia.
En Marruecos existe algo mucho más complejo, un sistema institucional alrededor de la religión.
Hay un rey con una autoridad religiosa constitucionalmente reconocida, un Ministerio de Habous y Asuntos Islámicos, un Consejo Superior de Ulemas, consejos locales de ulemas, miles de mezquitas, imanes y predicadores, patrimonio religioso, fundaciones, escuelas, institutos de formación, movimientos islamistas y una estructura específica de orientación religiosa dentro de las Fuerzas Armadas.
Y detrás de todo esto hay una pregunta fundamental, ¿Quién tiene el poder de decidir qué es el islam oficial en Marruecos?
La respuesta corta es, la monarquía ocupa la posición central.
Pero la respuesta completa es mucho más interesante.
Porque el sistema marroquí no funciona simplemente diciendo que el rey “manda sobre los imanes”. Funciona mediante una combinación de legitimidad religiosa, instituciones estatales, control administrativo, financiación, formación, patrimonio, política y seguridad.
Ese es el verdadero ecosistema del poder islámico marroquí.
La pieza central, el rey como “Comendador de los Creyentes”
Para entender Marruecos hay que empezar por una figura que no tiene un equivalente exacto en la mayoría de los países europeos, Amir al-Mu’minin, normalmente traducido como “Comendador de los Creyentes”.
La Constitución marroquí de 2011 establece en su artículo 41 que el rey es el Amir al-Mu’minin, vela por el respeto del islam y garantiza la libertad de ejercicio de los cultos.
Pero hay algo todavía más importante.
El rey preside el Consejo Superior de Ulemas, y este consejo es la institución que tiene la competencia para emitir las fatwas que pueden ser oficialmente adoptadas por el Estado. Además, la Constitución establece que las prerrogativas religiosas del rey relacionadas con la institución de la Imarat al-Mu’minin son ejercidas por él mediante dahires reales.
Esto cambia completamente la estructura.
En muchos países musulmanes podemos preguntarnos, ¿Quién tiene autoridad religiosa?. En Marruecos la respuesta institucional empieza por el rey.
No porque el rey sea simplemente un gobernante político que utiliza la religión, sino porque el propio orden constitucional le atribuye una función religiosa específica. Y esto tiene enormes consecuencias políticas.
El rey no es solamente jefe del Estado
La Constitución distingue entre las funciones del rey como jefe del Estado y sus funciones religiosas.
El artículo 42 define al rey como jefe del Estado, representante supremo, símbolo de la unidad nacional y garante de la continuidad del Estado.
El artículo 41, en cambio, establece su posición como Amir al-Mu’minin.
Es decir, REY → autoridad política , REY→ autoridad religiosa
Esta combinación es fundamental. Significa que cuestionar determinadas decisiones religiosas puede acabar teniendo una dimensión política.Y también significa que los movimientos que pretenden construir una autoridad religiosa independiente de la monarquía entran en un terreno especialmente delicado.
El Ministerio de Habous, la gran maquinaria administrativa
Si el rey ocupa la cima del sistema, el Ministerio de Habous y Asuntos Islámicos es una de las principales herramientas administrativas. Su función es enorme.
La legislación atribuye al Ministerio responsabilidades que incluyen: gestión y desarrollo de los bienes Habous; construcción y mantenimiento de mezquitas; supervisión de la actividad religiosa; protección del rito malikí; organización de la enseñanza religiosa tradicional; formación inicial y continua de los responsables religiosos; difusión de la doctrina religiosa oficial;cooperación religiosa internacional.
Por tanto, el Ministerio no es simplemente un organismo que “organiza mezquitas”. Es una auténtica infraestructura administrativa de la religión.
Controla o participa en buena parte de los elementos que permiten que la religión organizada funcione físicamente, edificios + patrimonio + imanes + formación + educación + orientación religiosa.
¿Qué son los Habous?
Aquí aparece una palabra fundamental para entender el dinero del sistema, Habous, equivalente al waqf o patrimonio religioso de fundación.
Se trata de bienes destinados a fines religiosos, sociales o caritativos. Y en Marruecos hablamos de un patrimonio importante. El propio Ministerio explica que el patrimonio Habous incluye propiedades urbanas y agrícolas.
En 2017, por ejemplo, los ingresos de las propiedades urbanas Habous alcanzaron unos 350,2 millones de dirhams, mientras que los ingresos agrícolas netos de ese ejercicio superaron los 66,1 millones de dirhams. El Ministerio señala expresamente que este patrimonio sirve como fuente de autofinanciación para actividades sociales, religiosas y administrativas.
Esto nos permite entender algo muy importante, el ecosistema religioso marroquí no depende exclusivamente del presupuesto general del Estado. También posee patrimonio propio que genera ingresos.
Por tanto, cuando hablamos de “financiación del islam” en Marruecos tenemos que mirar al menos cuatro fuentes:
- Presupuesto público
- Patrimonio Habous
- Donaciones y recursos de fundaciones y organizaciones religiosas
- Patrimonio y recursos asociados a determinadas instituciones religiosas
No todo el dinero tiene la misma procedencia ni todos los organismos tienen el mismo sistema financiero.
Las mezquitas: Religión, administración y espacio público
La mezquita parece, desde fuera, simplemente un lugar de oración, pero para el Estado marroquí es también una institución que forma parte de la organización religiosa nacional.
La Dirección de Mezquitas del Ministerio se ocupa, entre otras cosas, del registro y control de las mezquitas, de determinar necesidades de lugares de culto y de planificar su construcción, ampliación y restauración.
El Ministerio también publica una guía para imanes, predicadores y responsables religiosos.
La finalidad declarada es establecer reglas comunes y preservar la unidad doctrinal y ritual del país. La guía vincula expresamente la actividad de los responsables religiosos con el rito malikí, la doctrina asharí y la tradición religiosa marroquí.
Por tanto, el sistema no busca únicamente que las personas tengan una mezquita donde rezar, busca también que exista una determinada forma marroquí de practicar el islam.
El imam, mucho más que la persona que dirige la oración
En este sistema, el imam tiene funciones religiosas, educativas y sociales.
El Ministerio establece que debe dirigir las oraciones; enseñar el Corán; contribuir a la cohesión social; participar en actividades educativas y culturales; colaborar en determinadas cuestiones sociales; respetar el rito malikí y la doctrina establecida; remitir determinadas cuestiones religiosas al Consejo local de Ulemas en lugar de emitir una fatwa por su cuenta.
Este último punto es especialmente interesante. Un imam no es presentado como una autoridad religiosa completamente independiente.
Existe una jerarquía de autoridad. En términos muy simplificados:
Rey, Consejo Superior de Ulemas, Ministerio / estructura religiosa oficial, Consejos locales de Ulemas, Imanes y predicadores, Fieles
Esto no significa que cada creyente marroquí piense exactamente como el Estado, significa que el Estado ha construido una estructura para controlar y organizar la religión institucional.
El Consejo Superior de Ulemas: ¿quién puede hablar oficialmente en nombre del islam?
Aquí llegamos a otra pieza esencial.
Los ulemas son especialistas religiosos, Pero el sistema marroquí establece una diferencia entre tener conocimientos religiosos y tener autoridad religiosa institucional reconocida por el Estado.
La Constitución reserva al Consejo Superior de Ulemas la competencia para las consultas religiosas que vayan a ser oficialmente adoptadas. Eso convierte al Consejo en una especie de autoridad religiosa institucional del Estado.
Y hay un detalle decisivo, el presidente del Consejo es el propio rey. Esto crea una estructura peculiar, el rey no necesita convertirse en el mayor experto en jurisprudencia islámica.
Puede situarse en la cima del sistema y trabajar mediante una institución de ulemas.
Es una combinación de autoridad política + legitimidad religiosa + especialistas religiosos.
El modelo religioso marroquí: Malikismo, asharismo y sufismo
Marruecos tampoco intenta construir un islam oficial completamente genérico. Su modelo religioso se apoya en determinadas referencias históricas. Entre ellas:
Malikismo → una escuela jurídica suní muy arraigada en el Magreb.
Asharismo → una tradición teológica suní.
Sufismo → especialmente determinadas tradiciones y hermandades históricas marroquíes.
El objetivo declarado por las instituciones religiosas es preservar la unidad religiosa alrededor de estos elementos.
Esto tiene una consecuencia política, el Estado no solamente controla instituciones; también intenta definir el marco doctrinal considerado legítimamente marroquí.
Después de los atentados de 2003: La religión se convierte todavía más en una cuestión de seguridad
Los atentados de Casablanca de 2003 cambiaron profundamente la política religiosa marroquí. El Estado reforzó el control sobre las mezquitas y la formación de los responsables religiosos.
La lógica era bastante sencilla, si una ideología extremista puede difundirse a través de espacios religiosos, el Estado debe controlar esos espacios.
De ahí surge una política que combina, religión + seguridad + prevención del extremismo.
Esto explica buena parte de la arquitectura religiosa construida durante el reinado de Mohammed VI.
El Instituto Mohammed VI: Formar al imam adecuado
En 2014 se creó el Instituto Mohammed VI para la Formación de Imanes, Morchidines y Morchidates. Su misión es formar responsables religiosos marroquíes y extranjeros.
El propio Instituto explica que forma imanes y predicadores y también recibe religiosos procedentes de otros países. Esto tiene una dimensión interna y otra internacional.
Internamente
El Estado intenta garantizar que los responsables religiosos conozcan: Islam; Corán; jurisprudencia; tradición marroquí; historia; prevención del extremismo.
Internacionalmente
Marruecos exporta parte de su modelo. El Instituto ha formado religiosos procedentes de países africanos y europeos, entre ellos Mali, Guinea, Costa de Marfil, Senegal y Francia.
Aquí aparece una dimensión que merece mucha atención, la política religiosa marroquí también es política exterior.
Marruecos no solamente intenta controlar el islam dentro de sus fronteras, también intenta convertirse en un referente de un determinado islam africano y europeo.
El islam como instrumento de poder blando
Esta estrategia tiene especial importancia en África.
Marruecos ha creado también la Fundación Mohammed VI de los Ulemas Africanos. Su financiación puede proceder de contribuciones estatales, subvenciones públicas o privadas, propiedades Habous, donaciones y otros recursos.
El mensaje es claro, Marruecos ofrece formación, cooperación religiosa y una determinada interpretación del islam. Esto genera influencia, Es una forma de soft power.
En lugar de influir únicamente mediante empresas, inversiones o diplomacia, Marruecos también puede hacerlo mediante religión + formación de imanes + ulemas + cooperación cultural.
¿Y dónde queda la política?
Aquí empieza la parte más delicada.
Marruecos permite partidos políticos y elecciones. Pero la Constitución establece que los partidos no pueden fundamentarse en una base religiosa.
Esto crea una paradoja interesante: La religión es central en la legitimidad del Estado, pero no puede convertirse libremente en una plataforma partidista que compita con esa misma autoridad religiosa.
Por eso el islam político marroquí ha tenido que adaptarse a unas reglas muy concretas.
El Partido Justicia y Desarrollo: El experimento islamista dentro del sistema
El Partido Justicia y Desarrollo (PJD) es probablemente el ejemplo más importante. El partido consiguió una gran victoria electoral después de la Primavera Árabe y encabezó gobiernos durante aproximadamente una década.
Pero gobernar no significaba controlar el poder religioso. Esta diferencia es fundamental.
El PJD podía ganar elecciones y dirigir el Gobierno, pero la monarquía conservaba la posición central en materia religiosa y buena parte de las decisiones estratégicas del Estado.
Los estudios sobre el PJD destacan precisamente esta situación, el partido entró en el sistema y consiguió gobernar, pero la estructura de poder de la monarquía continuó limitando su capacidad para transformar las reglas fundamentales del régimen.
Y el resultado electoral de 2021 fue espectacular, el PJD pasó de 125 escaños a solamente 13.
La experiencia marroquí muestra así algo muy interesante: Es posible tener un partido islamista en el Gobierno sin que el partido islamista controle el ecosistema religioso del país.
Y entonces aparece Al-Adl wal-Ihsane
Si el PJD representa el islamismo que aceptó participar en el sistema político, existe otro actor mucho más incómodo: Al-Adl wal-Ihsane — Justicia y Espiritualidad. Es un movimiento islamista de gran importancia social que rechaza la autoridad religiosa del rey.
La organización no participa en las elecciones y no está registrada como partido político, pero las autoridades han tolerado buena parte de su actividad aunque también han limitado determinadas reuniones y actividades.
Y aquí encontramos una línea divisoria fundamental. El problema no es simplemente, “¿Eres islamista?”
La cuestión más profunda es: ¿Aceptas que el rey es el Comendador de los Creyentes y la máxima autoridad religiosa institucional?
Para el sistema marroquí, esa pregunta tiene una enorme importancia.
¿Y los empresarios?
Aquí tenemos que ser rigurosos.
No existe una estructura sencilla que permita decir: “Los empresarios controlan el islam marroquí.” Sería una simplificación.
Pero sí existe una relación mucho más amplia entre poder político, grandes grupos empresariales, patrimonio y élites económicas.
La literatura sobre el capitalismo marroquí ha estudiado precisamente cómo la monarquía y sus aliados han mantenido una posición dominante en sectores estratégicos de la economía, incluido el sistema financiero.
En el ecosistema religioso podemos encontrar además empresas relacionadas con: construcción de mezquitas; restauración; mantenimiento; equipamiento; gestión inmobiliaria; servicios y distribución
El propio patrimonio Habous mantiene relaciones con promotores inmobiliarios y desarrolla propiedades urbanas y agrícolas.
Por eso sería más exacto hablar de intersección entre Estado, patrimonio religioso y economía, que afirmar que los empresarios controlan directamente la religión.
El dinero religioso: Una cuestión que merece mucha más investigación
Aquí existe uno de los grandes temas pendientes.
Sabemos que existe, presupuesto público, patrimonio Habous donaciones fundaciones, recursos de instituciones religiosas, pero la transparencia no es idéntica en todos los niveles.
Por ejemplo, los recursos de algunas zawiyas y su financiación han sido descritos como poco transparentes por investigadores. Carnegie Endowment señala que el Estado financia y supervisa las zawiyas, mientras que estas también pueden recibir donaciones, limosnas, ingresos por actividades y recursos derivados de tierras.
Esto abre una pregunta muy interesante, ¿Cuánto dinero mueve realmente el ecosistema religioso marroquí?
No solamente cuánto dinero asigna el Estado.
También, ¿Cuánto patrimonio existe?, ¿Cuánto generan los Habous?, ¿Cuánto reciben las fundaciones?, ¿Qué reciben las mezquitas?, ¿Qué dinero circula alrededor de las zawiyas?, ¿Qué empresas participan en contratos y proyectos?
¿Y el ejército?
Aquí Marruecos ofrece otro caso especialmente interesante.
El rey es simultáneamente: Jefe del Estado y Comendador de los Creyentes y Jefe Supremo y Jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Reales. La conexión entre religión y ejército no es, por tanto, accidental.
El Ministerio de Habous explica que, por instrucciones del rey, forma imanes y morchidines destinados a las unidades de las Fuerzas Armadas Reales.
En 2017 se preparó una nueva promoción de 100 imanes para las unidades militares y el número de predicadores religiosos destinados a las FAR alcanzaba entonces 246.
El propio rey había señalado la necesidad de proteger a los militares frente a influencias consideradas contrarias a las “constantes religiosas” marroquíes.
Esto demuestra algo muy importante, la religión también forma parte de la arquitectura de cohesión interna de las Fuerzas Armadas.
El objetivo oficial es formar soldados dentro de una determinada concepción del islam marroquí y evitar radicalizaciones o influencias consideradas peligrosas.
El ejército no es simplemente “religioso”
Pero hay que evitar otro error. No significa que Marruecos sea un Estado gobernado por militares religiosos.
La relación es diferente.
La estructura sería aproximadamente: REY, COMANDANCIA RELIGIOSA, y simultáneamente COMANDANCIA MILITAR. Por tanto, ambas estructuras tienen un punto superior común.
Esto reduce la posibilidad de que aparezca una autoridad religiosa independiente que pueda competir con la monarquía dentro del aparato militar.
¿Qué ocurre con los sermones?
Aquí podemos observar de manera muy concreta cómo funciona el sistema.
El predicador del viernes no tiene libertad absoluta para convertir la mezquita en una plataforma política, las instituciones religiosas marroquíes establecen reglas sobre la predicación y los temas religiosos.
El Ministerio establece incluso que los predicadores pueden leer sermones proporcionados por el Ministerio o por los Consejos de Ulemas.
En los últimos años ha habido además controversias sobre los límites de lo que los imanes pueden decir sobre asuntos políticos y conflictos internacionales.
Esto revela una tensión inevitable, La mezquita es un espacio religioso, pero también es un espacio público. Y cuando millones de personas escuchan un mismo mensaje religioso, el sermón puede convertirse potencialmente en una herramienta de comunicación política.
Un ejemplo revelador: Los sermones nacionales
En 2025, en el contexto de protestas juveniles, sermones difundidos en miles de mezquitas llamaron a los jóvenes a participar en la vida pública y a servir a la nación.
Associated Press informó de que estos sermones fueron transmitidos en alrededor de 53.000 mezquitas y por televisión pública.
Más allá de la interpretación política que cada uno quiera hacer, el episodio demuestra la capacidad del sistema religioso institucional para transmitir un mensaje coordinado a una parte enorme de la población.
Esto es algo que en muchos Estados europeos sería difícil imaginar.
Entonces, ¿quién manda realmente?
Podemos resumirlo mediante una pirámide.
NIVEL 1 — EL REY Mohammed VI = Autoridad política + autoridad religiosa constitucional.
NIVEL 2 — CONSEJO SUPERIOR DE ULEMAS = Interpretación religiosa oficial y fatwas institucionales.
NIVEL 3 — MINISTERIO DE HABOUS = Administración de la religión, mezquitas + patrimonio + responsables religiosos + formación + educación.
NIVEL 4 — CONSEJOS LOCALES DE ULEMAS = Autoridad religiosa territorial.
NIVEL 5 — IMANES Y PREDICADORES = Relación directa con los fieles.
NIVEL 6 — SOCIEDAD = Millones de ciudadanos que practican, interpretan y viven el islam.
Pero alrededor de toda esta pirámide existen otras fuerzas, EJÉRCITO, PARTIDOS POLÍTICOS, EMPRESARIOS, FUNDACIONES, ZAWIYAS, MEDIOS DE COMUNICACIÓN, MOVIMIENTOS ISLAMISTAS
Y ahí está el verdadero ecosistema.
La gran paradoja marroquí
El modelo marroquí tiene una característica aparentemente contradictoria.
Por un lado el Estado controla fuertemente la religión institucional.
Por otro el Estado utiliza esa misma religión para presentar al país como un modelo de islam moderado, tolerante y estable.
Y esto produce una paradoja, para proteger la religión de la politización, el Estado politiza parcialmente la gestión de la religión.
La explicación oficial es seguridad, estabilidad, unidad religiosa y lucha contra el extremismo. Los críticos pueden verlo como una forma de controlar el espacio religioso y limitar a quienes pretenden construir una autoridad religiosa independiente.
El modelo marroquí no es simplemente “islamismo”
Y aquí está probablemente la conclusión más importante.
Marruecos es un país musulmán donde el islam tiene una posición constitucional privilegiada, Pero eso no significa que todos los marroquíes sean islamistas.
El PJD no representa a todos los musulmanes, Al-Adl wal-Ihsane tampoco, los ulemas oficiales tampoco, las zawiyas tampoco. Y el propio Estado no pretende que todos esos actores tengan la misma interpretación.
Lo que hace el sistema es intentar colocar a todos dentro de un marco cuyo centro de gravedad sea la monarquía y la figura del Comendador de los Creyentes.
¿Por qué funciona este sistema?
Hay varias razones.
Primera: legitimidad histórica, la monarquía alauí utiliza una legitimidad religiosa e histórica profunda.
Segunda: control institucional, el Estado controla buena parte de la infraestructura religiosa.
Tercera: financiación, el Estado dispone de recursos presupuestarios y patrimonio religioso.
Cuarta: formación, los responsables religiosos reciben una formación que busca mantener un modelo doctrinal común.
Quinta: seguridad, después de los atentados terroristas, la religión pasó a considerarse también una cuestión de seguridad nacional.
Sexta: ausencia de un ejército políticamente independiente, a diferencia de otros países árabes, el ejército marroquí no ocupa el centro visible de la política nacional.
Séptima: control de la autoridad religiosa, los movimientos islamistas pueden existir dentro de determinados límites, pero no pueden simplemente sustituir la autoridad religiosa del monarca.
Pero el sistema también tiene puntos débiles
El modelo tiene ventajas para el Estado, estabilidad + control + prevención del extremismo + coordinación religiosa.
Pero también plantea preguntas. ¿Qué ocurre con la libertad religiosa?
La Constitución garantiza el libre ejercicio de los cultos, pero existen restricciones legales relacionadas con la crítica al islam y el proselitismo entre musulmanes.
¿Quién controla al controlador? Si la máxima autoridad religiosa es también el jefe del Estado, resulta difícil separar completamente religión y poder político.
¿Puede existir una autoridad religiosa independiente? Los movimientos que cuestionan la autoridad religiosa del rey encuentran un espacio mucho más reducido.
¿Puede un imam criticar al Estado? La estructura institucional de las mezquitas limita fuertemente la posibilidad de convertir el púlpito en una plataforma política independiente.
¿Existe suficiente transparencia financiera? El patrimonio Habous es enorme, pero la transparencia y la trazabilidad de todos los recursos del ecosistema religioso no son iguales en todas sus partes.
El verdadero mapa del poder
Podemos resumir el modelo marroquí con una frase, el Estado no intenta eliminar el poder religioso; intenta organizarlo, financiarlo, formarlo y colocarlo bajo una autoridad central. Y esa autoridad central es el rey.
El resultado es un modelo muy diferente tanto del secularismo francés como de una república islámica.
No estamos ante: “religión contra Estado”. Estamos ante:“religión integrada dentro del Estado”.
Y tampoco estamos ante un sistema donde los ulemas gobiernan al país. Más bien, el poder político organiza el campo religioso y utiliza a especialistas religiosos para darle legitimidad, estructura y contenido.
MARRUECOS Y EUROPA
Cómo el ecosistema religioso y político marroquí puede influir en Europa
Hasta ahora hemos analizado cómo funciona el ecosistema del poder islámico dentro de Marruecos.
Pero falta una pregunta fundamental, ¿Qué ocurre cuando este ecosistema sale de las fronteras de Marruecos?
La pregunta es especialmente importante porque millones de personas de origen marroquí viven en Europa y porque Marruecos mantiene una relación extraordinariamente estrecha con la Unión Europea.
Marruecos no es solamente un país vecino, es un socio comercial, migratorio, diplomático y de seguridad, y también ha desarrollado una política específica para mantener vínculos religiosos con parte de su diáspora.
Por eso, para Europa, Marruecos debe analizarse simultáneamente como:
El primer elemento: La diáspora marroquí
Una parte importante del poder religioso marroquí fuera de Marruecos está relacionada con una realidad demográfica, los marroquíes que viven en Europa.
Hay comunidades marroquíes importantes en Francia, España, Bélgica, Países Bajos, Italia, Alemania y otros países europeos. Esto significa que una parte de la política religiosa marroquí no termina en Rabat, continúa fuera de sus fronteras.
El Estado marroquí ha desarrollado mecanismos para mantener vínculos con sus ciudadanos y comunidades en el extranjero, y dentro de esos mecanismos aparece también la religión.
Marruecos exporta su modelo religioso
Esta es una de las características más interesantes del sistema.
Marruecos no se limita a decir, “Nuestros ciudadanos que viven en Europa son musulmanes.”
También ha desarrollado instituciones y programas destinados a promover una determinada interpretación religiosa.
El objetivo declarado es favorecer un islam considerado moderado, ligado a la tradición religiosa marroquí y contrario al extremismo.
Pero desde el punto de vista político existe otra dimensión, quien ayuda a formar a los líderes religiosos también puede aumentar su capacidad de influencia sobre las comunidades religiosas.
No significa automáticamente control, Pero sí significa capacidad de influencia.
El Instituto Mohammed VI de formación de imanes
Uno de los instrumentos más importantes es el Instituto Mohammed VI para la Formación de Imanes, Morchidines y Morchidates.
Marruecos creó este instituto en 2015, su objetivo es formar religiosos y predicadores dentro de un modelo religioso promovido por el Estado marroquí.
El programa no se limita a Marruecos, también ha formado religiosos procedentes de otros países africanos y europeos.
Un análisis del European Council on Foreign Relations ya destacaba que cientos de imanes y predicadores europeos y africanos habían pasado por el programa y que Marruecos buscaba ampliar este tipo de cooperación con países europeos.
Aquí aparece una cuestión fundamental, Marruecos está utilizando la formación religiosa como instrumento de política exterior.
¿Por qué Europa acepta esta cooperación?
Porque Europa tiene un problema real.
¿Cómo formar a los imanes que trabajan con comunidades musulmanas europeas?
Los Estados europeos tienen que responder a preguntas difíciles:
¿Quién forma al imam?, ¿En qué idioma?, ¿Con qué programa?, ¿Con qué interpretación religiosa?, ¿Quién financia su formación?, ¿Quién supervisa sus actividades?
Marruecos ofrece una respuesta: “Podemos ayudaros a formar religiosos dentro de nuestro modelo.”
Para algunos gobiernos europeos esto puede resultar atractivo porque Marruecos tiene experiencia en prevención de la radicalización y mantiene un fuerte control institucional sobre el ámbito religioso.
El problema de la doble influencia
Aquí aparece una cuestión mucho más delicada.
Supongamos que un imam que trabaja en Europa, ha sido formado en Marruecos y mantiene relaciones institucionales con organismos religiosos marroquíes.
Eso puede ser perfectamente legítimo, Pero también plantea una pregunta: ¿Hasta qué punto ese imam responde a las necesidades religiosas de la comunidad donde vive y hasta qué punto mantiene una relación de dependencia con el país que lo formó?
No existe una respuesta general, habrá casos muy diferentes, pero Europa debería poder conocer esas relaciones.
El rey como “Comendador de los Creyentes”
Aquí aparece una diferencia fundamental respecto a otros países.
Mohammed VI no es solamente el jefe político de Marruecos.
También es Amir al-Mu’minin el Comendador de los Creyentes.
Por tanto, la autoridad religiosa del monarca tiene una dimensión transnacional.
Esto significa que la relación entre Marruecos, rey, religión, diáspora, no desaparece automáticamente cuando un ciudadano marroquí cruza el Mediterráneo.
Esta es una de las claves para comprender la política religiosa marroquí en Europa.
El Consejo de la comunidad marroquí en el extranjero
Marruecos también ha creado estructuras destinadas a mantener la relación institucional con sus ciudadanos residentes en el exterior.
Esto tiene una lógica evidente, para Rabat, la diáspora es una comunidad humana, pero también un vínculo económico, un vínculo cultural, un vínculo político y un vínculo religioso.
Por eso Europa no debería analizar la cuestión únicamente desde la perspectiva de la inmigración. Existe también una dimensión de política exterior marroquí.
Religión como herramienta de soft power
Aquí podemos utilizar un concepto muy importante, soft power
Es la capacidad de un país para influir sin utilizar la fuerza.
Marruecos dispone de varios instrumentos de soft power entre ellos, religión, cultura, lengua, diáspora, cooperación de seguridad y formación de imanes.
CONCLUSIÓN
El ecosistema del poder islámico en Marruecos no puede entenderse mirando solamente a los imanes o a las mezquitas.
Hay que mirar el conjunto
El rey aporta la autoridad central.
El Consejo Superior de Ulemas aporta la autoridad religiosa institucional.
El Ministerio de Habous administra buena parte de la infraestructura religiosa.
Los Habous aportan patrimonio y recursos económicos.
Las mezquitas transmiten el islam oficial a la población.
Los institutos forman a los responsables religiosos.
El ejército recibe también orientación religiosa institucionalizada.
Los partidos islamistas compiten políticamente dentro de límites determinados.
Los movimientos islamistas independientes desafían, en distintos grados, el monopolio de autoridad religiosa.
Los empresarios y promotores participan en el ecosistema económico que rodea al patrimonio, la construcción y los servicios.
Y Marruecos utiliza su modelo religioso también como instrumento de influencia exterior, especialmente en África.
Por eso, quizá la mejor manera de definir el modelo marroquí sea esta, No es un Estado que simplemente tenga una religión oficial. Es un Estado que ha construido una arquitectura institucional para organizar el campo religioso.
Y en el centro de esa arquitectura se encuentra una figura excepcional, el rey como Comendador de los Creyentes.
Ese es el punto de partida imprescindible para entender cómo funcionan religión, política, dinero, seguridad y poder en Marruecos.
LA INFLUENCIA EXTRANJERA QUE NADIE PUEDE VER.
Y aquí está probablemente el gran reto para el futuro del islam europeo: ¿Puede Europa construir un islam plenamente europeo, compatible con la libertad religiosa, la democracia liberal y los derechos individuales, sin romper sus relaciones con los países musulmanes de origen?
Esa pregunta no tiene una respuesta sencilla. Pero será una de las grandes preguntas políticas y sociales de las próximas décadas.
