El Islam light!

El Islam light!

 

¿El Islam Light? Una propuesta para el futuro de Europa

Imaginen un alimento al que le quitan el azúcar y las grasas saturadas. Sigue sabiendo igual, mantiene su esencia, pero deja de ser dañino para el cuerpo. El mismo producto, pero eliminando aquello que perjudica la salud.

. ¿Sería posible aplicar esta misma fórmula a la religión? ¿Es viable un «Islam light «? ¿Por qué no plantear un debate parecido sobre el islam en Europa?

Antes de continuar, una aclaración importante: este artículo no habla de las personas musulmanas. Habla de las ideas, de las interpretaciones religiosas y de cómo estas encajan —o no— con una democracia liberal.

Hoy en día, plantear esto no es un ejercicio teórico, es una necesidad urgente. Las proyecciones demográficas estiman que el número de musulmanes en Europa podría acercarse a los 100 millones para el año 2050. 

Como hijo del mundo árabe, estudié el islam desde pequeño, igual que millones de estudiantes en los países musulmanes, conocemos de primera mano su otra cara: una estructura que históricamente se impuso por la fuerza, que rechaza la alteridad y que choca frontalmente con los derechos humanos universales.

Y esa experiencia me lleva a una conclusión: existe una diferencia enorme entre practicar una religión y convertir sus normas tradicionales en un modelo para organizar la sociedad.

No pretendo analizar aquí el Corán versículo por versículo. Pero basta con recordar algunos ejemplos presentes en la tradición islámica 

No hace falta ser un erudito en teología para ver el problema, basta con mirar las leyes civiles de la mayoría de los países islámicos actuales. En pleno siglo XXI, el marco legal sigue amparando que el hombre herede el doble que la mujer, que el testimonio femenino valga la mitad en un tribunal, la poliginia o incluso el derecho del marido a castigar físicamente a su esposa. Por no hablar de la hostilidad explícita hacia el laicismo, el ateísmo, la diversidad sexual o la libertad de expresión… Y no es casualidad que muchas de estas normas sigan formando parte de la legislación de numerosos países de mayoría musulmana.

Aquí surge la pregunta incómoda que Europa suele evadir: ¿Son estos valores compatibles con las sociedades occidentales? La respuesta corta es no. De hecho, si alguien intentara aplicar muchos de estos preceptos en suelo europeo, acabaría directamente en la cárcel por cometer un delito.

 

El envoltorio contra el contenido

Para resolver este laberinto, la clave está en aprender a diseccionar la religión en dos partes: el ritual y el código de valores.

El Islam como acto religioso (rezar, hacer el Ramadán, peregrinar a la Meca o celebrar sus fiestas religiosas) es el envoltorio. Es una práctica íntima, inofensiva y necesaria para la identidad y el bienestar espiritual del creyente. El verdadero conflicto no está ahí; está en el Islam como código político y de conducta, el islam entendido como un sistema completo de normas para regular la vida política, social y familiar, un contenido que colisiona en línea recta con las leyes y las libertades occidentales.

La solución pasa, por tanto, por abrazar el ritual y abandonar el dogma político. Un Islam light. El consumidor habitual de la religión apenas notará la diferencia en su día a día porque sus costumbres sagradas seguirán intactas, pero el impacto social sería revolucionario.

 

La revolución debe ser europea

¿Cómo se logra una transformación de este calibre? La respuesta está en las aulas y en los púlpitos. Necesitamos una nueva generación de imanes con mentalidad europea: ciudadanos de libre pensamiento, con mirada crítica, que entiendan que los derechos humanos y las leyes de la democracia están por encima de cualquier libro sagrado.

Un islam que conserve los rituales religiosos, pero renuncie a aquellas interpretaciones incompatibles con la igualdad, la libertad y los derechos humanos, la mayoría de creyentes podrían seguir viviendo su religión prácticamente igual. Continuarían rezando, ayunando, celebrando sus fiestas y sintiéndose musulmanes.

Lo que cambiaría serían las ideas que chocan con una sociedad libre.

Esta revolución teológica no va a nacer de los centros de poder tradicionales como Al-Azhar en Egipto o de las corrientes financiadas por Arabia Saudí y Marruecos. Debe nacer de donde más se necesita: de Europa.

Es hora de abrirse a nuevos horizontes sin miedo: teorías híbridas, imanes mujeres, imanes homosexuales y mezquitas mixtas. No se trata solo de maquillar un par de conceptos, sino de una reforma estructural.

Si hay un lugar donde puede nacer una nueva forma de entender esta religión, ese lugar es Europa.

¿Por qué no debatir ideas nuevas?

¿Por qué no hablar de un islam europeo?

¿Por qué no desarrollar una interpretación plenamente compatible con los derechos humanos?

 

Disfrutar de la libertad de la que gozamos en Occidente y defenderla con uñas y dientes es una obligación moral. Yo no podría publicar estas líneas en muchos países musulmanes sin terminar en prisión o algo peor. Precisamente porque conozco el precio de no tener esa libertad, sé que la única forma de preservarla es atreviéndonos a exigir un cambio radical.

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