El Salafismo en Europa

El Salafismo en Europa

Un movimiento religioso que Europa todavía no termina de entender

El fundamentalismo de importación que rediseña los barrios:

Si caminas por algunas grandes ciudades de Europa, es probable que en determinados barrios hayas notado un cambio estético y social sutil: mujeres con túnicas cerradas de riguroso negro, hombres con barbas pobladas sin bigote y pantalones por encima del tobillo, y un rechazo frontal a las costumbres del país de acogida. No estamos hablando de la inmensa mayoría de los musulmanes europeos, que integran su fe con normalidad en la vida democrática, sino de una corriente muy concreta: El salafismo.

Es un movimiento religioso que propone regresar a lo que considera el Islam auténtico de las primeras generaciones de musulmanes. Una  gran parte de sus seguidores rechaza la democracia liberal, el pluralismo religioso o los valores sociales europeos. Y una corriente más pequeña puede evolucionar hacia el yihadismo violento.

Precisamente por eso merece la pena estudiarlo sin simplificaciones. La pregunta para Europa no debería ser solamente: ¿Cuántos salafistas hay?

También debería ser: ¿Qué ideas defienden, cómo se transmiten, por qué atraen a algunas personas y qué relación tienen —o no tienen— con la violencia?

 

1. ¿Qué es exactamente el salafismo?

El salafismo es una corriente ultraconservadora y fundamentalista dentro del Islam suní cuyo nombre viene de los al-salaf al-salih (los «piadosos antepasados», es decir, las tres primeras generaciones del islam).

Su premisa básica es simple pero radical: Volver a la pureza original del siglo VII y purgar la religión de cualquier «innovación» o adaptación a los tiempos modernos. Para un salafista:

Los salafistas consideran que los musulmanes deberían intentar imitar a las primeras generaciones del Islam, especialmente a los compañeros de Mahoma y las generaciones inmediatamente posteriores.

Su idea fundamental podría resumirse de una manera muy sencilla: Cuanto más cerca esté el creyente de la interpretación de los primeros musulmanes, más auténtico será su Islam. Esto produce una interpretación muy conservadora de la religión.

En determinados sectores salafistas existe un fuerte rechazo de: Innovaciones religiosas; interpretaciones consideradas modernas; las  costumbres occidentales; pluralismo religioso; igualdad entre hombres y mujeres; relaciones sexuales fuera del matrimonio; determinadas formas de entretenimiento y representaciones artísticas; consumo de alcohol… 

 

2. Tres salafismos diferentes

Aunque las fronteras no siempre son perfectamente claras, podemos hablar de tres grandes tendencias.

Salafismo quietista

Es el sector que se concentra principalmente en la religión.

Quiere que sus seguidores vivan de acuerdo con una interpretación estricta del Islam, pero no necesariamente pretende conquistar el Estado ni utilizar la violencia. Puede ser extremadamente conservador desde el punto de vista social sin ser terrorista.

Salafismo político

Aquí la religión empieza a entrar directamente en la política.

La idea es que la sociedad debería organizarse de acuerdo con los principios islámicos. Puede existir una crítica profunda de la democracia liberal, especialmente cuando se considera que la soberanía popular entra en conflicto con la soberanía de Dios.

Salafismo yihadista

Es la corriente más peligrosa. Considera legítimo utilizar la violencia para alcanzar objetivos políticos y religiosos. Aquí encontramos la ideología que alimentó organizaciones como: Al Qaeda y Estado Islámico.

Y aquí sí aparece directamente el terrorismo. El servicio de inteligencia alemán señala actualmente que, aunque el salafismo puede proporcionar una base ideológica para el yihadismo, la conexión entre ambos no es automática en Alemania y otros países europeos.

 

3. Entonces, ¿Por qué preocupa tanto el salafismo?

¿Qué defienden? (La ideología)

La ley divina (Sharia) está por encima de cualquier Constitución democrática o derecho civil europeo.

La separación entre religión y Estado no existe; todo debe regirse por su interpretación literal de los textos sagrados.

El aislamiento cultural: Se fomenta la separación de la sociedad occidental a la que consideran «decadente», creando guetos ideológicos donde las normas de convivencia locales no aplican.

Porque determinadas ideas salafistas entran en conflicto con principios fundamentales de las democracias liberales.

Porque el verdadero problema político para Europa aparece cuando una interpretación religiosa pretende convertirse en una norma obligatoria para toda la sociedad. Y ahí encontramos el choque con la democracia liberal.

 

4. ¿Cómo llegó el salafismo a Europa?

No existe una única fecha de llegada. El Islam ya estaba presente en Europa desde hacía siglos. Pero el salafismo contemporáneo comenzó a adquirir importancia principalmente durante la segunda mitad del siglo XX. Hay varios factores.

Migración: Durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial llegaron millones de trabajadores procedentes de países musulmanes.

Francia recibió importantes comunidades procedentes del Magreb.

Alemania recibió una gran comunidad procedente de Turquía.

Reino Unido recibió importantes comunidades procedentes del sur de Asia.

Bélgica, Países Bajos, Italia, España y otros países desarrollaron también importantes comunidades musulmanas.

La investigación académica señala precisamente diferencias entre países: en Francia, Bélgica, Países Bajos y Alemania el salafismo ha tenido una importante implantación entre comunidades de origen magrebí, mientras que en Reino Unido existen otras trayectorias vinculadas a comunidades procedentes del sur de Asia. Pero la inmigración, por sí sola, no explica el crecimiento del salafismo.

El dinero, las redes y los predicadores:  Durante décadas también se desarrollaron redes internacionales de financiación, intercambio religioso y formación de predicadores.

Determinados países del Golfo adquirieron una enorme influencia en la difusión internacional de interpretaciones ultraconservadoras del Islam.

Se construyeron mezquitas, se financiaron asociaciones, se distribuyeron libros, se enviaron predicadores, y se crearon redes religiosas internacionales.

Internet cambió las reglas del juego:  Y entonces apareció Internet. Esto probablemente fue más importante que cualquier mezquita.

Antes, un joven interesado en una interpretación ultraconservadora del Islam necesitaba encontrar un predicador.

Ahora puede encontrar cientos desde su habitación.YouTube. Telegram. TikTok .Instagram. Foros. Aplicaciones de mensajería. Canales privados. La religión dejó de depender exclusivamente de las instituciones religiosas locales.

Un joven de Barcelona, París, Berlín o Londres puede escuchar diariamente a un predicador situado a miles de kilómetros, y puede crear una comunidad digital con personas que nunca ha conocido físicamente.

El predicador se convirtió en influencer, Este cambio es especialmente importante.Los nuevos predicadores ya no necesitan necesariamente una gran mezquita.

El informe alemán de 2024 sobre protección constitucional señala precisamente que los predicadores y protagonistas salafistas presentes en redes sociales utilizan patrones de comunicación similares a los de los influencers convencionales y pueden llegar a cientos de miles de jóvenes que buscan identidad.

Esto cambia completamente el problema. El nuevo espacio de radicalización puede no ser una mezquita, puede ser el teléfono móvil.

 

5. ¿Por qué algunos jóvenes se sienten atraídos?

Esta pregunta es probablemente más importante que cualquier estadística, porque una ideología no crece simplemente porque alguien la anuncie, tiene que ofrecer algo.

El salafismo puede ofrecer a determinadas personas:

Identidad,«Yo sé quién soy.»

Comunidad, «Pertenezco a un grupo.»

Seguridad, «Tenemos respuestas claras.»

Moral, «Sabemos qué está bien y qué está mal.»

Propósito, «Mi vida tiene una misión.»

Diferenciación, «Nosotros somos los verdaderos musulmanes.»

Y esto puede resultar especialmente atractivo para jóvenes que sienten que viven entre dos mundos.

 

6. La paradoja europea

Aquí aparece una paradoja interesante. Europa ofrece una libertad religiosa enorme.

Un musulmán puede practicar su religión, construir mezquitas, abrir asociaciones, llevar determinados símbolos religiosos y educar a sus hijos dentro de su tradición.

Pero precisamente esa libertad puede permitir también que prosperen movimientos que rechazan los principios fundamentales del sistema que les proporciona esa libertad.

Esta es una de las grandes preguntas que Europa todavía no ha resuelto completamente: ¿Hasta dónde debe llegar la tolerancia de una democracia liberal hacia movimientos que cuestionan algunos de sus valores fundamentales? El salafismo ha colocado esta cuestión en primer plano.

 

7. El salafismo en Europa

Alemania: Proporciona uno de los mejores ejemplos para observar la evolución del fenómeno.

El informe de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución estimó para 2024 unas 11.000 personas dentro del ámbito salafista, frente a 10.500 en 2023. El mismo informe señala que el salafismo había experimentado una ligera disminución desde 2012, pero que en 2024 podría haber comenzado una reversión de esa tendencia.

Francia: Probablemente sea uno de los países europeos donde el fenómeno ha adquirido mayor visibilidad.

Hay varias razones: Una enorme población musulmana; una larga historia de inmigración desde el Magreb; importantes redes religiosas; numerosos barrios periféricos..

Bélgica y Países Bajos: también han desarrollado importantes redes salafistas.

Reino Unido presenta una evolución diferente debido a su historia migratoria y religiosa.

 

España: Existe un salafismo bastante diverso. Hay personas y comunidades que adoptan una interpretación religiosa muy conservadora pero rechazan la violencia y el terrorismo. Y existe una corriente mucho más pequeña que abraza el salafismo yihadista.

Los estudios sobre España muestran que la presencia salafista es particularmente relevante en Cataluña, Madrid, Comunidad Valenciana, Ceuta y Melilla. 

Cataluña es el caso más interesante. Entre 2012 y 2023, aproximadamente el 35,8% de los yihadistas condenados o muertos en España residían en Cataluña, según la base de datos del Real Instituto Elcano; más de la mitad de ellos residían en la provincia de Barcelona. El propio estudio relaciona esta concentración, entre otros factores, con una mayor presencia salafista en Cataluña con ecosistema salafista visible 

Un estudio publicado tras los atentados de Barcelona y Cambrils señalaba que en 2016 aproximadamente un tercio de los 256 lugares de culto y centros islámicos de Cataluña estaban considerados bajo influencia salafista, según una estimación citada por los investigadores del Real Instituto Elcano.

Esa cifra es antigua y no deberíamos presentarla hoy como si fuera una fotografía de 2026. Pero sirve para entender por qué Cataluña ha sido objeto de tanta atención.

Ceuta y Melilla son otro caso diferente: Aquí intervienen factores geográficos y sociales muy particulares.

Ceuta y Melilla tienen comunidades musulmanas importantes, una frontera directa con Marruecos y determinados barrios con problemas de segregación y marginalidad.

Los estudios sobre yihadismo español han encontrado una concentración significativa de procesos de radicalización en ambas ciudades. En el período 2012-2023, Ceuta representó el 10 % y Melilla el 8,4 % de los yihadistas condenados o muertos residentes en España estudiados por Elcano.

Además, investigaciones anteriores han señalado especialmente los barrios del Príncipe Alfonso, en Ceuta, y la Cañada de Hidum, en Melilla, como espacios donde determinadas corrientes fundamentalistas tuvieron una penetración significativa.

No existe, por tanto, un único «modelo salafista europeo». Existen salafismos europeos diferentes.

 

8. ¿Todos los salafistas son inmigrantes?

No. Este es otro error frecuente. Existe un número significativo de conversos europeos.

Una persona puede haber nacido en una familia completamente secular y convertirse al Islam, y posteriormente adoptar una interpretación salafista.

También puede suceder que una persona nacida en una familia musulmana adopte el salafismo durante la adolescencia o juventud.

Esto demuestra algo importante: El fenómeno ya no puede explicarse simplemente como una importación desde Oriente Medio. El salafismo también se está convirtiendo en un fenómeno europeo.

 

9. Salafismo y yihadismo: La relación incómoda

Aquí está probablemente la cuestión más delicada.

Históricamente, el salafismo proporcionó parte del lenguaje religioso utilizado posteriormente por movimientos yihadistas.

Al Qaeda y Estado Islámico se presentan como defensores de un Islam supuestamente auténtico. Por eso existe una relación intelectual entre determinadas corrientes salafistas y el yihadismo.

 

10. El salafismo del siglo XXI es mucho más digital

Esta es probablemente una de las transformaciones más importantes. Un predicador puede grabar un vídeo en diez minutos. Ese vídeo puede llegar a miles de personas.

Europol lleva años estudiando específicamente la propaganda yihadista online y ha observado cómo Al Qaeda, Estado Islámico y sus seguidores utilizan las plataformas digitales para difundir narrativas, propaganda y llamadas a la movilización.

¿Está creciendo el salafismo? La respuesta no puede ser simplemente «sí». En algunos lugares parece estar creciendo. En otros ha disminuido. En otros se ha transformado.

Alemania ofrece un ejemplo interesante: El número estimado de salafistas pasó de 11.000 en 2022 a 10.500 en 2023 y volvió a aproximadamente 11.000 en 2024.

Pero hay una cuestión más interesante: Puede crecer la influencia sin crecer proporcionalmente el número de miembros.

Un predicador con 20.000 seguidores digitales no necesita convertir a todos ellos en miembros de una organización. Puede influir en su lenguaje, en sus opiniones, en su interpretación de la religión, en su percepción de Europa.

Por eso medir únicamente el número de salafistas organizados puede quedarse corto.

 

11. El verdadero campo de batalla: La identidad

Aquí probablemente está el futuro del fenómeno. Europa tiene millones de jóvenes musulmanes nacidos en Europa, muchos se sienten completamente europeos, otros se sienten musulmanes y europeos al mismo tiempo, otros tienen una identidad más conflictiva.

Y algunos pueden encontrar atractivo un discurso que les dice: «No eres realmente europeo.» «Tu verdadera identidad está en otra parte.»

Este tipo de mensaje puede crear una frontera psicológica: Ellos y nosotros. Y cuando esa frontera se vuelve extrema, la integración se hace mucho más difícil.

 

18. ¿Qué debería hacer Europa?

Primera medida: Distinguir religión de extremismo

Un musulmán que practica su religión no es un problema de seguridad. Un movimiento que pretende destruir derechos fundamentales sí puede convertirse en un problema político.

Segunda medida: Vigilar la financiación extranjera

Europa debería conocer mejor: Quién financia una mezquita, quién paga a sus predicadores, qué organizaciones reciben dinero extranjero, y qué intereses estratégicos existen detrás.

La UE está prestando actualmente más atención a la influencia extranjera, la financiación y las redes transnacionales relacionadas con la radicalización y el extremismo.

Tercera medida: Crear un Islam europeo más autónomo

Si Europa quiere reducir la dependencia de discursos religiosos importados, necesita desarrollar estructuras islámicas europeas capaces de formar a sus propios líderes religiosos.

Imanes que conozcan:la historia europea;las democracias liberales;las leyes europeas;los derechos fundamentales; y la realidad social de sus comunidades.

No se trata de crear un «Islam oficial», se trata de conseguir que exista un Islam europeo capaz de dialogar con Europa desde dentro de Europa.

Cuarta medida: No regalar el terreno de la identidad

Aquí Europa tiene un problema que no puede resolver la policía. Si un joven siente que no pertenece a ninguna parte, un movimiento que le ofrece identidad tendrá una oportunidad.

Por eso la integración no puede reducirse a: «Aprende el idioma y consigue trabajo.» También tiene que existir: Pertenencia.

Un joven musulmán europeo debería poder decir: «Soy musulmán, y simultáneamente, soy europeo.», sin sentir que tiene que escoger una de las dos identidades.

 

19. ¿Qué futuro tendrá el salafismo en Europa?

Hay varios escenarios.

Escenario 1: Estabilización

El salafismo continúa existiendo como una corriente minoritaria y conservadora. Tiene presencia en Internet y determinadas comunidades, pero permanece relativamente limitada. Este probablemente sea el escenario más tranquilo.

Escenario 2: Crecimiento digital

El número de personas organizadas no aumenta demasiado, pero aumenta enormemente su capacidad de influencia.

El predicador se convierte en influencer, la comunidad deja de depender de la mezquita, y el móvil se convierte en la principal herramienta de difusión. Este escenario es especialmente plausible.

Escenario 3: Nacimiento de un salafismo europeo

Y este escenario es especialmente interesante.

Puede aparecer una nueva generación que conserve una interpretación religiosa muy conservadora pero acepte completamente: La democracia, la ciudadanía europea, la libertad religiosa, el Estado de derecho y la igualdad ante la ley.

Sería una transformación profunda. No necesariamente desaparecería el conservadurismo religioso, pero desaparecería buena parte del conflicto con el sistema político europeo.

La gran pregunta: ¿puede existir un salafismo europeo?

Aquí está uno de los grandes debates del futuro.

¿Puede un salafista aceptar plenamente que otra persona pueda ser atea?

¿Puede aceptar que un musulmán abandone el Islam?

¿Puede aceptar que una mujer musulmana decida no llevar velo?

¿Puede aceptar que una persona homosexual tenga exactamente los mismos derechos civiles?

¿Puede aceptar que la ley civil esté por encima de cualquier interpretación religiosa?

Si la respuesta es sí, Europa puede convivir con un conservadurismo religioso. Si la respuesta es no, el conflicto con la democracia liberal será inevitable.

 

20. Conclusión: Ni demonización ni ingenuidad

Europa ha cometido dos errores opuestos.

El primero es decir: «El salafismo es simplemente terrorismo.»

El segundo es decir: «Mientras no haya violencia, cualquier ideología religiosa es políticamente irrelevante.»

Entre ambos extremos existe una cuestión mucho más interesante: Qué ideas son compatibles con una democracia liberal y cuáles entran en conflicto con ella.

El futuro del Islam europeo no dependerá solamente de cuántos musulmanes haya. Dependerá de qué tipo de Islam se desarrolle entre las nuevas generaciones europeas.

Y probablemente esa sea la batalla más importante de las próximas décadas: No la batalla contra el Islam, sino la batalla por decidir qué Islam acabará formando parte de la Europa del futuro.

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