Un recorrido divertido por las relaciones más complicadas entre el islam… y el reino animal
Si algún día los animales organizaran una reunión para hablar de su reputación en el Islam, el perro probablemente llegaría bastante enfadado.
—¿Qué he hecho yo ahora?
Mientras tanto, un gato respondería con una sonrisa:
—Nada, amigo… simplemente has nacido en la religión equivocada.
Bienvenidos a uno de los temas más curiosos del mundo islámico: La peculiar relación entre algunos animales y determinadas interpretaciones religiosas.
¿El islam odia a algunos animales?
No exactamente. El Corán no contiene una lista negra de animales.
Sin embargo, a lo largo de los siglos aparecieron hadices (relatos atribuidos al profeta Mahoma) y normas tradicionales que dieron a algunos animales una fama bastante discutible.
Algunos son considerados impuros, otros peligrosos, otros simplemente poco recomendables, y algunos, sorprendentemente, son auténticas estrellas.
El gran perdedor: El perro
Si hubiera elecciones entre los animales más polémicos del islam tradicional, el perro ganaría… Pero por el lado malo.
En muchas interpretaciones clásicas se considera que su saliva es impura y existen normas específicas sobre su presencia en el hogar o en lugares de oración.
Eso no significa que todos los musulmanes odien a los perros, de hecho, muchos tienen perros como mascotas, especialmente en países occidentales, pero culturalmente existe una diferencia enorme respecto a Europa.
Europa: «¡Qué perro más bonito!»
En España la conversación suele ser así: ¿Cómo se llama? , Toby. ¡Qué mono! , Cinco minutos después ya hay tres personas acariciándolo.
Algunas sociedades musulmanas tradicionales
La escena puede ser muy distinta. Hay personas que prefieren mantenerse alejadas, otras evitan tocarlo, y algunas solo aceptan perros para funciones concretas, como vigilancia, pastoreo o caza.
Para un europeo amante de los animales esto puede resultar bastante sorprendente.
El cerdo: El enemigo público número uno
El cerdo probablemente sea el animal más famoso cuando se habla del islam, su carne está prohibida para los musulmanes.
Esta prohibición forma parte del Corán, lo curioso es que, en Europa, el cerdo ocupa casi el lugar contrario, jamón, chorizo, lomo, fuet, morcilla.
Parece que el cerdo trabaja más horas que muchos funcionarios, aquí aparece otro choque cultural importante.
Los burros… Con mala prensa
En algunos textos tradicionales aparecen referencias poco favorables al rebuzno del burro, asociado simbólicamente con la presencia del demonio. Pobre animal.
Lleva miles de años ayudando al ser humano y encima acaba con problemas de imagen.
Los lagartos y otros invitados inesperados
Algunos hadices mencionan animales cuya eliminación era recomendable por considerarlos dañinos, como ciertos lagartos o escorpiones.
En aquella época muchas de estas recomendaciones tenían una explicación práctica: Proteger a las personas de animales peligrosos.
Con el paso del tiempo, algunas costumbres se mantuvieron aunque el contexto cambiara.
El rey absoluto: El gato
Si el perro perdió las elecciones… El gato obtuvo mayoría absoluta.
La tradición islámica cuenta que Mahoma tenía un gran cariño por los gatos, y por ello estos animales suelen gozar de una imagen muy positiva en muchas culturas musulmanas.
Mientras el perro mira desde la esquina con cara de «¿qué he hecho yo?», el gato parece disfrutar de un trato preferente.
Por qué surgió todo esto y cómo se ve hoy?
Si analizamos estas costumbres sin fanatismos, el origen es puramente humano y pragmático:
Higiene y Salud Pública: En el siglo VII no existían las vacunas contra la rabia, los desparasitantes ni la refrigeración. Evitar la saliva de perros callejeros o la carne de cerdo era una medida de supervivencia básica.
Tabúes de Pobreza y Ecología: En climas áridos, los animales que no aportaban trabajo directo o consumían recursos escasos eran vistos con recelo.
El problema de congelar el tiempo: El verdadero dilema surge cuando normativas sanitarias creadas para el desierto de hace 1.400 años se pretenden aplicar en la Europa o el Oriente Medio del siglo XXI, donde un perro doméstico está desparasitado, vacunado y más limpio que muchos autobuses públicos.
El choque con la Europa actual
Europa vive prácticamente una revolución animal. Los perros entran en cafeterías, viajan en metro, duermen en la cama…Incluso algunos tienen más seguidores en Instagram que sus dueños.
En ese contexto, ciertas normas tradicionales sobre animales pueden resultar difíciles de comprender para muchos europeos.
¿Religión o cultura?
Aquí conviene hacer una distinción importante. No todos los musulmanes interpretan estas normas de la misma manera, hay familias con perros, hay veterinarios musulmanes, hay asociaciones protectoras de animales dirigidas por musulmanes, y también existen personas que mantienen las interpretaciones más tradicionales.
¿Qué puede aprender Europa?
Quizá la mejor solución sea combinar dos principios.
Por un lado, respetar la libertad religiosa de cada persona para convivir con los animales según sus creencias.
Por otro, recordar que en una democracia liberal las normas públicas deben basarse en criterios comunes, como la salud, el bienestar animal y la igualdad ante la ley, y no en reglas religiosas particulares.
Conclusión
La relación entre el islam y algunos animales demuestra cómo las tradiciones evolucionan a ritmos diferentes según la cultura.
Mientras Europa organiza festivales para perros, hoteles para gatos y pastelerías con galletas para mascotas, algunas costumbres tradicionales siguen viendo a ciertos animales con bastante desconfianza.
Y si algún día se celebra un congreso internacional de animales sobre libertad religiosa, hay una cosa bastante segura, el perro y el gato volverán a sentarse en mesas diferentes… aunque esta vez quizá puedan compartir el mismo parque.
