Una tradición que sobrevive entre la religión, la ley y la desigualdad
Hay preguntas que Europa prefiere evitar.
Una de ellas es esta, ¿Qué ocurre cuando una niña que todavía debería estar estudiando se convierte en esposa?
En algunos lugares del mundo, miles de niñas siguen entrando en matrimonios antes de cumplir los 18 años.
En numerosos países de mayoría musulmana el matrimonio infantil continúa siendo una realidad importante.
Y aquí aparece una cuestión incómoda, ¿Hasta qué punto intervienen la religión, las tradiciones familiares y determinadas interpretaciones de la ley islámica?
Para responder hay que evitar dos errores.
El primero es decir que el matrimonio infantil es simplemente «una costumbre islámica».
El segundo es fingir que el islam nunca ha tenido ninguna relación con las normas históricas que permitieron estos matrimonios. La realidad es bastante más complicada.
¿QUÉ ES EXACTAMENTE EL MATRIMONIO INFANTIL?
La definición internacional es bastante sencilla.
Se considera matrimonio infantil cualquier matrimonio o unión formal o informal en la que al menos una de las personas tiene menos de 18 años. No importa si existe una ceremonia religiosa, un contrato civil o simplemente una unión reconocida por la comunidad.
Para Naciones Unidas, el matrimonio infantil es una violación de los derechos humanos, y afecta principalmente a las niñas.
Actualmente, alrededor de 650 millones de mujeres y niñas vivas fueron casadas antes de cumplir los 18 años. Aproximadamente una de cada cinco mujeres jóvenes del mundo fue casada durante su infancia. (UNICEF DATA)
Pero estas cifras son mundiales, no son cifras exclusivamente musulmanas, y esta diferencia es importante.
¿DE DÓNDE VIENE ESTA PRÁCTICA?
El matrimonio infantil no nació con el Islam, existía mucho antes de Mahoma. Durante siglos, muchas sociedades consideraron normal que las niñas se casaran muy jóvenes, en sociedades antiguas, el matrimonio tenía poco que ver con la idea moderna del amor romántico.
Era una institución familiar, servía para crear alianzas, proteger propiedades, organizar herencias, establecer relaciones entre familias y controlar la sexualidad de las mujeres.
La pubertad podía interpretarse como señal de que una niña ya estaba preparada para el matrimonio. El problema es que aquella concepción de la infancia era muy diferente de la actual, la infancia moderna, basada en educación obligatoria, protección jurídica y autonomía personal, es relativamente reciente.
¿Y QUÉ TIENE QUE VER EL ISLAM?
Aquí comienza la parte más delicada.
El Islam apareció en el siglo VII en una sociedad en la que los matrimonios tempranos ya existían, los textos islámicos clásicos establecieron normas sobre el matrimonio, pero no fijaron un límite universal equivalente a los 18 años actuales.
Durante siglos, diferentes escuelas jurídicas islámicas desarrollaron sus propias interpretaciones sobre la capacidad para contraer matrimonio.
Uno de los debates más conocidos está relacionado con Aisha, esposa de Mahoma.
La tradición islámica más extendida durante siglos ha interpretado determinados hadices como indicación de que Aisha era muy joven cuando se produjo el matrimonio, Aisha tenía 6 años cuando se celebró el contrato matrimonial y 9 años cuando el matrimonio fue consumado .
Pero también existen investigadores y pensadores musulmanes contemporáneos que cuestionan esa interpretación y defienden una edad mayor.
¿Por qué es importante este debate? Porque determinadas interpretaciones tradicionales han sido utilizadas históricamente para defender que el matrimonio puede producirse antes de los 18 años.
Pero eso no significa que el Islam obligue a casar niñas, pero mientras tanto tampoco lo prohibe, y esto es un gran problema.
La pregunta es, ¿Puede una interpretación religiosa justificar hoy una práctica que vulnera los derechos de una menor?
EL PROBLEMA NO ES SOLO RELIGIOSO
En muchos países donde existe matrimonio infantil encontramos una combinación de factores, pobreza, falta de educación, desigualdad entre hombres y mujeres, presión familiar, miedo a las relaciones sexuales fuera del matrimonio, control de la sexualidad femenina, tradiciones locales, y también interpretaciones religiosas que pueden utilizarse para legitimar determinadas prácticas.
Por eso sería demasiado sencillo decir, «El problema es el Islam.», pero también sería demasiado sencillo decir, «La religión no tiene nada que ver.»
En algunos lugares sí existe una conexión entre religión, legislación y matrimonio infantil, y esa conexión merece ser analizada.
EL MAPA ES MUCHO MÁS GRANDE QUE ORIENTE MEDIO
Cuando hablamos de matrimonio infantil en países musulmanes, muchas personas piensan inmediatamente en Oriente Medio, pero el fenómeno es mucho más amplio, aparece también en partes del sur de Asia y África.
En la región árabe, por ejemplo, alrededor de 37 millones de mujeres y niñas viven con la experiencia de haber sido casadas durante su infancia, según UNFPA.
La proporción en la región árabe ha disminuido durante los últimos 25 años, aproximadamente de una de cada tres jóvenes a una de cada cinco, pero el progreso se ha frenado en algunos lugares debido a conflictos, crisis económicas y otras situaciones de vulnerabilidad.
Y las diferencias entre países son enormes, no existe un único «mundo islámico», hay países que han elevado la edad legal del matrimonio hasta los 18 años, otros mantienen excepciones.
Y en algunos lugares la ley puede permitir que un juez autorice matrimonios por debajo de esa edad.
Por ejemplo, UNICEF ha documentado cómo Marruecos elevó la edad legal a 18 años, pero mantuvo una excepción judicial que permite autorizar matrimonios de menores.
En Jordania también existe una edad legal de 18 años con posibilidades de excepción judicial.
Y en Egipto la edad legal es de 18 años, aunque existen problemas relacionados con matrimonios no registrados.
Esto nos lleva a una cuestión fundamental, no basta con mirar la edad que aparece escrita en una ley. Hay que mirar también qué ocurre realmente.
LA LEY PUEDE DECIR UNA COSA Y LA REALIDAD OTRA
Este es uno de los grandes problemas. Un Estado puede establecer que nadie puede casarse antes de los 18 años, pero si una familia celebra una unión religiosa no registrada, la situación puede quedar fuera del control del Estado.
La niña puede vivir como esposa, puede quedar embarazada, pero jurídicamente puede no existir un matrimonio registrado, y esto crea una especie de doble realidad. La ley oficial dice una cosa y la comunidad puede funcionar con otras reglas.
UNICEF ha señalado precisamente el problema de los matrimonios no registrados en algunos países de Oriente Medio y Norte de África.
Y ahí aparece una de las grandes sombras, cuando la autoridad religiosa, familiar o comunitaria consigue escapar del control de la ley civil.
¿QUÉ LE PASA A UNA NIÑA QUE SE CASA?
El matrimonio infantil no significa simplemente «casarse un poco antes», las consecuencias físicas y psicológicas de esta práctica son devastadoras, cambia completamente la vida de una niña,
Secuelas físicas: El cuerpo de una niña no está biológicamente preparado para el embarazo. Las complicaciones en el parto son una de las principales causas de mortalidad en niñas de 15 a 19 años en el mundo, derivando frecuentemente en lesiones graves como fístulas obstétricas.
Apartheid educativo y laboral: La niña casada abandona inmediatamente la escuela, quedando condenada a un ciclo perpetuo de dependencia económica, analfabetismo y exclusión social.
Violencia invisible: Quedan expuestas a mayores tasas de violencia doméstica, abusos sexuales y trastornos de salud mental como la depresión crónica y el estrés postraumático.
Y existe otra cuestión todavía más profunda, el consentimiento.
¿Puede una niña de 12, 13 o 14 años tomar una decisión completamente libre sobre quién será su marido y cómo será el resto de su vida?
El derecho internacional considera que el consentimiento matrimonial debe ser libre y pleno, y una persona que todavía no tiene la madurez suficiente para comprender las consecuencias de una decisión tan importante difícilmente puede ejercer ese consentimiento en las mismas condiciones que un adulto.
¿Y QUÉ OCURRE CUANDO ESTA REALIDAD LLEGA A EUROPA?
Aquí comienza un debate que Europa todavía no ha resuelto completamente, la inmigración también puede trasladar determinadas costumbres familiares de un país a otro, y sí existen casos de matrimonios forzados y matrimonios de menores dentro de Europa.
El Consejo de Europa ha advertido durante años de que todos los países europeos pueden verse afectados por matrimonios forzados celebrados dentro de Europa, organizados fuera de Europa para ciudadanos o residentes europeos, o impuestos antes de que una persona llegue al continente. (assembly.coe.int)
Y aquí aparece una situación especialmente complicada.
Una niña puede vivir en Europa, estudiar en una escuela europea y tener nacionalidad europea… Pero encontrarse sometida a una fuerte presión familiar para casarse con alguien elegido por su familia.
Incluso puede ser enviada temporalmente al país de origen de sus padres, y cuando vuelve, puede volver ya casada.
ESPAÑA TAMPOCO ESTÁ COMPLETAMENTE AL MARGEN
España no tiene un problema de matrimonio infantil comparable al de las regiones del mundo donde la práctica está más extendida.
Pero sería un error pensar que el fenómeno es imposible aquí. El Ministerio del Interior registró en 2024 ocho casos de trata con fines de matrimonio forzado, con ocho víctimas, seis de ellas menores.
Las víctimas tenían nacionalidades diversas, búlgara, rumana, española, marroquí, gambiana y afgana.
Esto es importante porque demuestra algo, el matrimonio forzado no es un fenómeno exclusivamente musulmán ni exclusivamente extranjero.
EL ERROR DE EUROPA: CONFUNDIR RESPETO CON TOLERANCIA
Aquí aparece uno de los debates más importantes.
Europa debe respetar la libertad religiosa, pero la libertad religiosa no puede convertirse en una excepción para vulnerar los derechos de un menor.
Una niña tiene derechos propios, y esos derechos no desaparecen porque sus padres tengan una determinada religión.
Esto debería ser una línea roja, Ni la religión, ni la tradición, ni el honor familiar pueden estar por encima de los derechos fundamentales de un menor.
CONCLUSIÓN: UNA LÍNEA ROJA PARA EUROPA
El matrimonio infantil no es un problema exclusivamente islámico, es un problema humano.
Si Europa quiere construir una verdadera integración, debe poder hablar de estos problemas sin miedo, ni demonizar al Islam, ni esconder los problemas en nombre del multiculturalismo.
La posición debería ser mucho más sencilla, una religión puede tener sus propias normas, una familia puede tener sus propias tradiciones.
Pero una niña tiene derecho a crecer, estudiar, decidir sobre su futuro y elegir libremente a su pareja cuando tenga la edad y la madurez necesarias.
Porque si Europa quiere defender realmente los derechos humanos, hay una frontera que no debería cruzar ninguna tradición puede convertir a una niña en adulta antes de tiempo.
