Por qué el islam prohíbe comer cerdo, de dónde viene la prohibición y qué hay realmente detrás de ella
Hay alimentos que dividen a la humanidad, la piña en la pizza, la tortilla con o sin cebolla. la paella con chorizo, y luego está el cerdo.
Para buena parte de Europa, el cerdo es jamón, bacon, chorizo, salchichón, costillas, morcilla y una cantidad casi obscena de productos que aparecen en los supermercados como si el animal hubiera sido diseñado específicamente para convertirse en embutido.
Pero para un musulmán, la situación es bastante diferente, el cerdo está prohibido. Y aquí aparece una pregunta bastante interesante: ¿Por qué?
¿Por qué precisamente el cerdo? ¿Por qué no la vaca? ¿Por qué no el pollo? ¿Por qué no el caballo? ¿Por qué un animal perfectamente comestible para millones de europeos se convirtió en uno de los grandes «enemigos» del islam?
La respuesta corta es sencilla: Porque el Corán lo prohíbe. Pero la respuesta larga es bastante más interesante.
Empecemos por lo que realmente dice el islam
Antes de buscar explicaciones históricas, económicas, sanitarias o culturales, hay que empezar por una cuestión fundamental.
El Corán no presenta la prohibición como una recomendación nutricional. No dice: «No comáis cerdo porque tiene demasiada grasa». Ni:»No comáis cerdo porque hace calor en Arabia».
La explicación religiosa fundamental es mucho más sencilla: Dios lo ha prohibido. El Corán habla y la regla se cumple (Fin del comunicado). El Corán es directo y no se anda con rodeos en varios de sus versículos (como en el Surat Al-Baqarah o Al-Ma’idah).
Y hay un detalle interesante, el propio Corán contempla una excepción: Si una persona se encuentra en una situación de necesidad extrema, puede comerlo sin pecado. Es decir, si estás perdido en el desierto, llevas tres días sin comer y delante de ti aparece un bocadillo de jamón…
Pero aquí empieza la verdadera historia
Porque existe un pequeño problema con la explicación de que «Mahoma decidió prohibir el cerdo».
La prohibición no nació con el islam. Es muchísimo más antigua. Mucho antes de que apareciera el islam en Arabia en el siglo VII, el cerdo ya estaba prohibido en el judaísmo.
El Levítico y el Deuteronomio establecen la prohibición de comer carne de cerdo. Y esto es importante porque el islam se presenta a sí mismo como continuación de una tradición religiosa anterior relacionada con Abraham, Moisés y Jesús.
Por tanto, cuando aparece el islam, no está inventando desde cero un menú religioso. Está heredando y reorganizando una tradición alimentaria que ya existía.
De hecho, el propio Corán relaciona sus revelaciones con las Escrituras anteriores y habla específicamente de determinadas prohibiciones alimentarias de los judíos. Dicho de manera sencilla: El cerdo ya llevaba siglos metido en problemas antes de que apareciera el islam.
Entonces, ¿Quién empezó la guerra contra el cerdo?
Aquí la historia se vuelve mucho más interesante.
Durante mucho tiempo se explicó la prohibición del cerdo de una manera bastante sencilla: «En Oriente Medio hacía mucho calor, criar cerdos era complicado y, por tanto, la gente decidió no comerlos».
El problema es que la arqueología moderna ha demostrado que la historia es bastante más complicada.
Los cerdos fueron domesticados en el Próximo Oriente hace miles de años y hubo sociedades de la región que los criaron y consumieron. Por tanto, decir que «en Oriente Medio nadie podía criar cerdos porque hacía calor» es demasiado simplista.
La investigación arqueológica muestra que el consumo y rechazo del cerdo variaron mucho según la época, el lugar y el grupo social. Y aquí aparece una idea fascinante: Comer cerdo podía convertirse en una cuestión de identidad. No era simplemente: «¿Te gusta el jamón?». Podía convertirse en: «¿De qué grupo eres?»
Los cerdos también podían ser una frontera cultural
Uno de los ejemplos más interesantes aparece en la antigua región del Levante.
La arqueología ha encontrado diferencias en el consumo de cerdo entre distintos grupos.
Durante la Edad del Hierro, el rechazo al cerdo se relacionó progresivamente con la identidad israelita, mientras que los filisteos aparecen asociados en determinadas zonas con un mayor consumo de carne de cerdo.
El historiador y arqueólogo Max Price sostiene que el tabú contra el cerdo entre los antiguos israelitas se desarrolló en buena medida durante los conflictos y procesos de diferenciación frente a los filisteos y posteriormente fue reforzado por los autores bíblicos.
Esto cambia completamente nuestra perspectiva. Porque una prohibición alimentaria puede hacer algo extraordinariamente poderoso: Convertir una comida en una identidad. Puedes distinguirte de tu vecino sin levantar una bandera. Simplemente diciendo: «Yo eso no lo como».
El cerdo como «pasaporte religioso»
Imaginemos una pequeña comunidad hace 2.500 años.
No existen documentos de identidad, no hay una aplicación donde puedas comprobar quién pertenece a qué grupo. Pero hay una cosa que todo el mundo sabe: Quién come qué.
Si tu comunidad no come cerdo y la comunidad vecina sí, tienes una frontera cultural perfectamente visible. No necesitas construir una muralla, necesitas una cocina.
Y esto puede explicar parte de la enorme importancia simbólica que adquirieron determinadas normas alimentarias. La comida no solo alimenta, también dice: «Esto somos nosotros.»
La investigación moderna, eso sí, advierte que no debemos convertir el número de huesos de cerdo encontrados en un yacimiento en una especie de detector automático de identidad. Los patrones arqueológicos son mucho más complejos.
Pero la relación entre alimentación, identidad y religión sí parece haber sido importante.
¿Y qué tiene de especial el cerdo?
Aquí llegan las teorías, y conviene ponerlas en orden.
Porque una cosa es lo que dice el islam y otra muy distinta es lo que los historiadores, antropólogos y arqueólogos intentan explicar sobre por qué surgió y se consolidó esta prohibición. Son dos preguntas diferentes.
Primera explicación: La religión
Es la explicación más sencilla para un musulmán creyente: Dios lo ha prohibido y no hace falta encontrar una segunda explicación.
Desde esta perspectiva, intentar descubrir una razón económica o médica puede ser interesante, pero no es lo que convierte al cerdo en haram, el mandato religioso es suficiente.
La propia autoridad religiosa islámica egipcia Dar al-Ifta señala precisamente esta diferencia: La prohibición es religiosa y no depende de que la ciencia consiga demostrar posteriormente una determinada explicación, y esto es importante.
Segunda explicación: El cerdo era un animal poco práctico en determinados ambientes
Aquí entra la antropología.Criar animales tiene un coste.Una vaca puede darte leche.Una oveja puede darte lana.Una cabra puede darte leche, carne y sobrevivir en terrenos bastante complicados.
El cerdo, en cambio, necesita determinadas condiciones y compite directamente con los humanos por algunos alimentos.
En determinadas zonas secas y pobres del Próximo Oriente, criar grandes cantidades de cerdos podía resultar económicamente menos interesante que criar otros animales.
Pero cuidado. Esto no demuestra que esa sea «la razón por la que El Corán prohibió el cerdo». Lo que sí demuestra es que las condiciones económicas y ecológicas pudieron influir en que determinados pueblos consumieran menos cerdo y que esa práctica terminara convirtiéndose en una norma cultural y religiosa.
Tercera explicación: El famoso calor
Esta es probablemente la explicación que más se repite: «El cerdo está prohibido porque en Arabia hacía mucho calor».
Suena convincente, pero tiene un problema, es demasiado sencilla.
Los cerdos pueden criarse en lugares cálidos y húmedos, y además existieron poblaciones que consumieron cerdo en distintas partes del Próximo Oriente.
La arqueología demuestra que la distribución del consumo de cerdo no puede explicarse únicamente mediante el clima. Así que podemos decir: El ambiente pudo influir, pero no tenemos una fórmula del tipo «temperatura + cerdo = islam».
Cuarta explicación: La higiene y las enfermedades
Aquí aparece otra explicación muy popular. «El cerdo transmite enfermedades».
Y es verdad que el consumo de carne de cerdo cruda o insuficientemente cocinada puede transmitir determinados parásitos y patógenos, entre ellos Trichinella.
Pero de ahí a decir: «Mahoma prohibió el cerdo porque conocía la triquinosis», hay un trecho enorme.
Además, otras carnes también pueden transmitir enfermedades si se manipulan o cocinan incorrectamente.
Por eso es mucho más prudente decir: La cuestión sanitaria puede haber sido relevante en algunas explicaciones históricas, pero no podemos presentarla como la causa demostrada de la prohibición islámica.
Y, desde luego, no necesitamos convertir el Corán en un manual de microbiología escrito 1.300 años antes de Pasteur.
Y aquí aparece una curiosidad histórica enorme
El islam no es una religión aislada cuando hablamos de alimentación. Comparte con el judaísmo varias prohibiciones y conceptos relacionados con alimentos permitidos y prohibidos.
El término islámico halal significa, en términos generales, permitido. Su contrario, haram, significa prohibido. Por tanto: Cerdo = haram.
Pero la cosa no termina ahí. El islam también establece normas sobre la sangre, los animales muertos sin sacrificio apropiado y la forma de sacrificar determinados animales. El Corán agrupa varias de estas prohibiciones junto a la carne de cerdo.
Es decir, el cerdo no está sentado solo en una esquina de la cocina musulmana.
¿El islam inventó el rechazo al cerdo?
No. Y este punto merece ser subrayado. El islam heredó una prohibición mucho más antigua. La prohibición del cerdo ya existía en la tradición israelita y judía.
La investigación histórica sobre el Próximo Oriente muestra precisamente que el tabú evolucionó durante siglos y que posteriormente fue incorporado y reforzado dentro del islam.
Por eso resulta más interesante hablar de una historia del tabú del cerdo que de una simple «prohibición islámica».
Estamos ante una historia de miles de años, religión, agricultura, clima. Economía, identidad, conflictos entre comunidades, y finalmente, una enorme cantidad de jamón que quedó fuera del menú.
Y llegamos a la Europa del siglo XXI
Porque el debate ya no está en el desierto de Arabia.
Está en Barcelona, Madrid, París, Berlín, Bruselas, Londres.
En una Europa donde conviven personas que consideran el jamón una parte normal de su cultura gastronómica y ciudadanos musulmanes para quienes comerlo está religiosamente prohibido.
Y entonces aparece una pregunta mucho más interesante que: «¿Por qué los musulmanes no comen cerdo?»
La pregunta podría ser: ¿Qué ocurre cuando una norma religiosa nacida en el antiguo Próximo Oriente entra en una sociedad europea donde el cerdo forma parte de la cultura cotidiana?
Aquí aparece el verdadero debate europeo, porque no estamos hablando solamente de comida, estamos hablando de convivencia.
El problema no es que alguien no coma jamón
En una sociedad liberal, una persona puede decidir no comer cerdo, Puede ser por religión, por motivos éticos, por salud, porque no le gusta.
Mientras no pretenda obligar a los demás a hacer lo mismo, no existe ningún problema. La libertad religiosa incluye precisamente la posibilidad de seguir determinadas prácticas alimentarias.
El problema aparece cuando una preferencia religiosa intenta convertirse en una norma obligatoria para todos. Y aquí conviene aplicar la misma regla en ambos sentidos.
Que un musulmán no quiera comer cerdo no debería molestar a un español. Pero que un español coma cerdo tampoco debería convertirse en una provocación contra un musulmán.
La convivencia consiste precisamente en aceptar que vivimos juntos aunque nuestros menús sean diferentes.
¿Y puede un musulmán comer cerdo?
Desde la perspectiva islámica tradicional, no, salvo situaciones de necesidad extrema.
El Corán repite esta excepción en las principales referencias a la prohibición: cuando existe una necesidad real y no hay otra alternativa, la persona no incurre en pecado.
¿Es una prohibición racional o irracional?
Depende de qué entendamos por «racional».
Si la pregunta es: «¿Existe una razón científica universal que demuestre que comer cerdo es malo?» No.
Millones de personas comen cerdo sin que eso implique automáticamente un problema de salud.
Si la pregunta es: «¿Existe una explicación histórica y antropológica de por qué determinadas sociedades desarrollaron rechazo al cerdo?» Sí.
Y si preguntamos: «¿Por qué un musulmán practicante no come cerdo?»
La respuesta más directa es: Porque el islam lo considera haram. No necesitamos complicarlo más.
Entonces, ¿cuál es el verdadero origen de la prohibición?
La respuesta más honesta es: No existe una única explicación demostrada.
La prohibición islámica tiene un origen religioso claro: El Corán prohíbe explícitamente la carne de cerdo. Pero el origen histórico del tabú es anterior al islam.
Por tanto, probablemente sea un error buscar una única explicación mágica.
Y aquí está la verdadera cuestión para Europa: Del jamón a la democracia liberal
La historia del cerdo parece, a primera vista, una cuestión gastronómica. Pero cuando empezamos a rascar un poco, encontramos prácticamente toda la historia de las religiones.
Encontramos normas, identidad, tradición, economía, política, cultura, y finalmente convivencia.
Porque la democracia liberal tiene una solución bastante sencilla para este tipo de problemas:
tú puedes vivir según tus convicciones, siempre que respetes la libertad de los demás para vivir según las suyas.
Al final, quizá el verdadero desafío del islam europeo no sea decidir quién tiene razón sobre el cerdo.
El desafío es mucho más grande:
aprender a convivir cuando unos quieren comer jamón, otros quieren comer halal y todos quieren sentarse en la misma mesa.
Y eso sí que es una receta complicada, pero a diferencia del cerdo, no está prohibido intentarlo.
