¿El gran examen de la calle, que saben los europeos del Islam?
Coges un autobús y recorres Europa durante varios meses. Paras en Madrid, París, Berlín, Roma, Ámsterdam, Varsovia y Estocolmo, en cada ciudad haces la misma pregunta a cien personas: «¿Qué sabes sobre el Islam?»
La mayoría responde en menos de diez segundos,y ahí empieza el problema.
Después de hablar con cien europeos, probablemente escucharías algo parecido a esto: «Es una religión de paz.» , «No sé mucho, la verdad.», «Creo que rezan cinco veces al día.» , «¿No es la religión del Ramadán?» , «Tengo amigos musulmanes y son buena gente.», «¿Es verdad que no comen cerdo?», «Prefiero no opinar.», «No respeta a las mujeres» «Es un tema delicado.»
En realidad, el experimento podría resumirse en una sola frase: Europa convive diariamente con el Islam, pero apenas sabe explicar qué es.
El gran desconocido
Hagamos una pequeña prueba; ¿Cuántos europeos saben responder correctamente a estas preguntas?
¿Cuántos capítulos tiene el Corán?, ¿Cuál es la diferencia entre suníes y chiíes?, ¿Qué significa exactamente la palabra «sharía»?, ¿Qué países tienen leyes inspiradas en el Islam?, ¿Qué es un imán?, ¿Qué partes del Islam son religiosas y cuáles son culturales?, ¿Qué significa realmente «halal»?
La mayoría suspendería el examen, y no pasa nada. La mayoría de los europeos tampoco podría explicar las diferencias entre católicos y ortodoxos, ni citar diez mandamientos completos.
Sin embargo, hay una diferencia importante, el Islam se ha convertido en uno de los grandes temas de conversación de Europa. Se habla de él en televisión, en redes sociales, en el Parlamento y en las cenas familiares, pero muchas veces se habla desde el desconocimiento.
El gran examen de la calle: Cinco respuestas típicas (y lo que revelan)
1. El grupo del «Menú del día» (Unos 40 de cada 100)
Para casi la mitad de los encuestados, el islam se resume en tres conceptos básicos que tienen que ver con el estómago y el calendario: «No comen cerdo, no beben alcohol y hacen el Ramadán».
Es el nivel más básico de empatía y observación. Saben lo que ven en el supermercado o lo que hace su compañero de trabajo, pero la parte espiritual y la historia detrás de estos rituales les resulta un misterio absoluto. Para ellos, el islam es una lista de cosas «prohibidas».
2. El «Efecto Telediario» (Unos 30 de cada 100)
Aquí es donde entra el miedo, la geopolítica y los sesgos mediáticos.
Te hablarán inmediatamente de la Sharía (ley islámica), el velo, la sumisión de la mujer, terrorismo y radicalismo.
Y aquí se nota cómo los medios de comunicación logran que una persona en Cuenca o en Lyon asocie una religión de 1.800 millones de personas únicamente con su versión más extrema y minoritaria. Es como si en Marruecos juzgaran el cristianismo basándose solo en el Ku Klux Klan o en sectas ultra-conservadoras de Texas.
3. Los «Turistas Románticos» (Unos 10 de cada 100)
Este grupo tiene una visión sacada de Las mil y una noches o de una visita de fin de semana a Granada o Estambul.
«¡Ah, la Alhambra! ¡El té de menta! ¡Qué bonita es la caligrafía árabe y qué mística es la música sufí!».
Aunque es una mirada positiva, peca de «exotismo». Trata una fe viva y compleja como si fuera un museo o un parque temático. Está bien apreciar el arte, pero el islam no es solo arquitectura del siglo XII; es la realidad cotidiana de millones de europeos que hoy en día intentan conciliar su fe con llegar a fin de mes.
4. Los que caminan sobre «Cáscaras de Huevo» (Unos 15 de cada 100)
Los políticamente correctos. Tienen tanto pánico a sonar ofensivos o islamófobos que sus respuestas son extremadamente cautelosas.
«Es una religión de paz, muy respetable, cada uno es libre… de verdad, yo tengo un amigo que…». No dicen nada concreto por miedo a meter la pata.
Es divertido (y necesario) analizar este miedo occidental a debatir. Al final, no querer hablar de los problemas de integración, de machismo o de dogmatismo dentro de cualquier religión, por exceso de corrección política, impide tener conversaciones maduras e intelectualmente honestas.
5. Los «Buscadores de Matices» (Apenas 5 de cada 100)
Los que de verdad han leído algo o tienen un contacto real y profundo.
Saben que no es lo mismo un musulmán de Indonesia (el país con más musulmanes del mundo, detalle que casi ningún europeo sabe) que uno de Arabia Saudí, Bosnia o Senegal. Entienden que el islam tiene corrientes (suníes, chiíes, sufíes) y que es tan diverso como el cristianismo.
El experimento del bar
Imagina que entras en un bar y haces estas preguntas:
¿Debería haber mujeres imanes?, ¿Es compatible la sharía con las democracias europeas?, ¿Deberían las mezquitas hacer sus sermones en el idioma del país?, ¿Puede una religión cambiar con el tiempo?, ¿Existe un Islam europeo?
En menos de diez minutos tendrás tres mesas discutiendo, dos personas incómodas y un señor de sesenta años diciendo: «Antes estas cosas no pasaban.»
Europa tiene una relación extraña con el Islam, le interesa, le preocupa, pero le cuesta hablar de ello con naturalidad.
El efecto Wikipedia
Existe otro fenómeno curioso.
Muchos europeos creen saber mucho sobre el Islam porque han visto tres vídeos en YouTube, dos documentales y veinte publicaciones en redes sociales.
Eso es como decir que eres experto en medicina porque una vez buscaste en Internet por qué te dolía la cabeza.
La realidad es más compleja. El Islam tiene más de 1.800 millones de seguidores, se practica de forma diferente en Indonesia, Egipto, Turquía, Marruecos o Bosnia, no existe un único Islam, existen muchos, y ahí comienza la dificultad.
Vivimos en una época en la que tenemos opiniones sobre casi todo y conocimientos profundos sobre casi nada.
El futuro
Europa está cambiando, eso es un hecho, dentro de veinte años habrá más mezquitas, más ciudadanos musulmanes y más debates sobre identidad, integración y convivencia.
Por eso resulta extraño que sigamos hablando del Islam como si fuera un tema lejano, es un tema europeo.
La pregunta es: «¿Qué lugar ocupará el Islam en la Europa del futuro?»
Y para responderla, primero tendremos que hacer algo revolucionario.
Aprender, leer. preguntar, y sobre todo, recuperar la capacidad de mantener conversaciones difíciles sin convertirlas en una guerra.
La conclusión
Quizás el gran reto de Europa no sea decidir qué hacer con el Islam.
Quizás el reto sea aprender a hablar de él con la misma tranquilidad con la que hablamos de política, filosofía o historia. Porque una sociedad madura no es aquella en la que todos piensan igual. Es aquella en la que las personas pueden hacerse preguntas difíciles sin tener miedo a formularlas.
