Un experimento político: 365 días para descubrir cuánto cambiaría Europa
Imaginemos que mañana ocurre algo extraordinario. No hay golpe de Estado, no hay revolución, no hay tanques en las calles.
Simplemente, en unas elecciones europeas históricas, una mayoría de ciudadanos decide entregar el poder político a partidos dirigidos por musulmanes. Durante un año, Europa tendrá un nuevo gobierno.
Pero pongamos una condición: No hablamos de una dictadura ni de un régimen terrorista. Hablamos de políticos musulmanes que llegan al poder mediante elecciones y que, al menos inicialmente, aceptan las reglas democráticas.
Y aquí empieza nuestro experimento. Porque la pregunta interesante no sería: «¿Sería Europa buena o mala?»
La pregunta sería: ¿Qué cambiaría realmente durante esos 365 días? Y probablemente la respuesta sería bastante más complicada de lo que unos y otros imaginan.
Día 1: Europa sigue exactamente igual
Lo primero que ocurriría sería bastante decepcionante.
Te levantarías. El supermercado seguiría abierto, el metro seguiría llegando tarde, tu jefe seguiría mandándote correos, la hipoteca seguiría cobrando su cuota, y probablemente nadie te obligaría a convertirte al islam.
¿Por qué? Porque gobernar un país europeo no consiste simplemente en tener una religión determinada. Existen constituciones, tribunales, parlamentos, leyes, tratados europeos, elecciones, funcionarios, policías y millones de ciudadanos con derechos.
Un presidente musulmán no podría levantarse un lunes y decir: «A partir de hoy, todos rezamos cinco veces al día.». Al menos no dentro de una democracia constitucional que respete sus propias reglas. Y aquí aparece la primera lección del experimento:
ser musulmán no significa automáticamente querer convertir el Estado en un Estado islámico.
Pero tenemos que cambiar una cosa del experimento
Para que el experimento resulte realmente interesante, necesitamos imaginar dos posibilidades diferentes.
Escenario A: musulmanes democráticos
Gobiernan políticos musulmanes que aceptan plenamente:
la democracia; la separación entre religión y Estado; la libertad religiosa; la libertad de expresión; la igualdad jurídica entre hombres y mujeres; el Estado de derecho.
En ese caso, los cambios podrían ser bastante menores de lo que algunos europeos imaginan.
Escenario B: islamistas democráticamente elegidos
Aquí la cosa cambia. Los gobernantes consideran que la legislación debería reflejar principios religiosos islámicos y quieren aumentar el papel del islam en la vida pública. Siguen utilizando elecciones, pero intentan transformar progresivamente las instituciones y las leyes.
Este segundo escenario es mucho más interesante para nuestro experimento, porque nos obliga a preguntar dónde están los límites de una democracia.
Mes 1: Empiezan los símbolos
Durante las primeras semanas probablemente aparecerían cambios principalmente simbólicos.
Más referencias al islam en actos oficiales. Más presencia de festividades musulmanas. Más financiación para determinados proyectos culturales y religiosos. Quizá algunos edificios públicos incorporarían espacios para rezar.
Y probablemente aparecería una discusión que conocemos perfectamente: ¿Hasta dónde debe llegar la neutralidad religiosa del Estado?
Porque una cosa es reconocer que existen ciudadanos musulmanes.
Otra muy diferente es que el Estado empiece a adoptar una determinada religión como elemento privilegiado de identidad nacional.
Europa tendría que responder a una pregunta incómoda: ¿El Estado debe ser neutral ante las religiones o debe reflejar la religión de la mayoría política del momento?
Mes 2: La comida entra en política
Y entonces llega algo aparentemente mucho más banal: El menú.
Los nuevos gobiernos podrían favorecer opciones halal en colegios, hospitales, cárceles y organismos públicos. No necesariamente porque quisieran obligar a todos a comer halal.
Simplemente porque querrían garantizar opciones alimentarias adaptadas a los ciudadanos musulmanes. Hasta aquí, bastante razonable.
Pero después aparecería el debate:¿Y por qué halal?, ¿Y por qué no kosher?, ¿Y por qué no vegetariano?, ¿Y por qué no cualquier otra opción?, Y descubrimos algo bastante importante: La política de la diversidad puede convertirse rápidamente en una competición por el reconocimiento.
Mes 3: El calendario empieza a complicarse
Ahora llega el Ramadán.
Imaginemos que los gobiernos europeos deciden introducir modificaciones laborales durante ese mes.
Horarios adaptados., mayor flexibilidad, determinadas ayudas.
Quizá incluso reconocimiento oficial de algunas festividades islámicas. Los musulmanes lo celebrarían.
Pero entonces aparecería una pregunta inevitable: ¿Qué ocurre con los demás? Porque Europa no tiene una sola religión. Hay cristianos, judíos, ateos, agnósticos, hindúes, budistas, personas que creen en cualquier cosa, y personas que no creen absolutamente en nada.
Si el Estado empieza a adaptar cada vez más sus instituciones a una religión concreta, surge el problema fundamental: ¿seguimos teniendo un Estado neutral?
Mes 4: Aparece el gran conflicto: la familia
Aquí el experimento empieza a ponerse serio.
Supongamos que los nuevos gobernantes quieren reforzar determinados valores familiares tradicionales.
Promueven políticas favorables a la maternidad. Defienden una mayor protección de la familia tradicional. Critican determinadas tendencias culturales consideradas demasiado individualistas.
Hasta aquí, perfectamente compatible con una democracia. Pero imaginemos que intentan introducir restricciones legales basadas en una interpretación religiosa. Entonces aparecen inmediatamente los tribunales.
Porque en Europa existen derechos fundamentales. Y aquí chocan dos fuerzas: La libertad religiosa contra la igualdad individual.
Mes 5: El vestido se convierte en un asunto nacional
Y llegamos al clásico europeo: El velo.
¿Se permite? Sí.
¿Se puede prohibir? En determinados contextos, algunos países europeos ya tienen restricciones.
¿Puede una mujer llevarlo en cualquier lugar? Depende del país y de la legislación.
Ahora imaginemos un gobierno europeo claramente influido por el islamismo. Probablemente intentaría reducir las restricciones existentes.
Pero entonces aparecería la pregunta contraria: ¿Puede una mujer ser obligada a llevarlo?
Aquí la respuesta debería ser muy sencilla: No.
Una democracia liberal no debería obligar a una mujer a llevar velo.
Mes 6: Educación
Aquí probablemente aparecería uno de los mayores campos de batalla.
¿Qué se enseña sobre religión?, ¿Se estudia el islam de forma más extensa?, ¿Se incorporan profesores de religión islámica?, ¿Se adapta el currículo?, ¿Se habla de figuras históricas musulmanas?
Todo esto podría hacerse sin problema.
Pero imaginemos que determinados sectores del nuevo poder quieren modificar los contenidos científicos o históricos porque consideran que contradicen determinadas creencias religiosas.
Ahí tendríamos un problema serio, porque una cosa es enseñar religión, otra es utilizar la religión para decidir qué debe considerarse conocimiento científico.
La escuela europea tendría que establecer una frontera muy clara: Puedes enseñar que una religión cree algo, pero eso no significa que el Estado tenga que enseñar esa creencia como un hecho científico.
Mes 7: Libertad de expresión
Y aquí llegamos al punto más delicado.
Un gobierno con fuerte influencia islamista podría intentar introducir normas contra determinados discursos considerados ofensivos hacia el islam.
Quizá se prohibieran determinadas caricaturas. Quizá aumentaran las restricciones sobre contenidos considerados blasfemos. Quizá determinadas obras fueran retiradas de instituciones públicas.
Y entonces Europa tendría un problema monumental, porque la libertad de expresión incluye precisamente el derecho a criticar una religión.
En una religión, sus creyentes deben estar protegidos frente a la discriminación, pero una idea religiosa no puede convertirse en intocable a no ser criticada.
Al final tendremos una democracia con una peculiar característica: Todo el mundo tiene libertad de expresión siempre que nadie se ofenda.
Es decir… Nadie tiene libertad de expresión.
Mes 8: Alcohol
Ahora viene una medida mucho más visible.
Imaginemos que los gobernantes islamistas deciden reducir drásticamente el consumo de alcohol.
Primero aumentan los impuestos, después restringen horarios, luego limitan la publicidad, finalmente algunos sectores proponen prohibirlo.
En una sociedad europea tradicionalmente acostumbrada al vino, la cerveza y la vida nocturna, probablemente se produciría una auténtica revolución cultural.
Mes 9 : Mujeres y hombres
Y aquí probablemente aparecería el mayor examen del experimento.
¿Qué ocurriría con la igualdad entre hombres y mujeres?
Dependería enormemente de qué tipo de gobernantes musulmanes estuviéramos imaginando. Un musulmán europeo liberal podría defender exactamente las mismas leyes de igualdad que cualquier otro político.
Un gobierno islamista conservador podría intentar modificar determinados aspectos relacionados con: Matrimonio; divorcio; herencia; vestimenta; familia; educación; derechos sexuales.
Y ahí aparecería una batalla constitucional. Porque Europa ya tiene una respuesta jurídica bastante clara: Los derechos individuales no pueden depender de la religión.
Mes 10: ¿Y qué hacemos con los homosexuales?
Aquí el experimento deja de ser divertido.
En la Europa actual, la homosexualidad está protegida jurídicamente en numerosos ámbitos y el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal en buena parte del continente.
Aquí aparecería el conflicto. Podría intentar: Restringir determinados contenidos LGTBI en colegios;limitar la educación sexual;modificar políticas de igualdad;cuestionar el matrimonio homosexual; restringir determinadas expresiones públicas relacionadas con la homosexualidad. Y entonces los tribunales europeos tendrían algo que decir.
Porque un gobierno no puede utilizar su mayoría electoral para eliminar derechos fundamentales a una minoría simplemente porque su interpretación religiosa considere esa conducta moralmente incorrecta.
Y aquí aparece una cuestión fundamental:
Una persona puede considerar moralmente incorrecta la homosexualidad. Lo que no puede hacer un Estado democrático es convertir esa opinión religiosa en una desigualdad jurídica.
Y aquí aparece una de las grandes pruebas del experimento
Supongamos que después de un año Europa tiene:un gobierno musulmán;más mezquitas;más productos halal;mayor reconocimiento del Ramadán;más presencia de la cultura islámica.
Todo eso podría ser perfectamente compatible con una democracia liberal.
Pero supongamos además que:las personas homosexuales pierden derechos;determinadas críticas al islam son censuradas;las mujeres tienen menos derechos;abandonar una religión se considera ilegítimo; Ahí sí tendríamos un problema.
Y no porque los gobernantes sean musulmanes. Sino porque estarían utilizando la religión para restringir derechos individuales. Esa debería ser la verdadera línea roja de nuestro experimento.
Día 365: Termina el experimento
Ha pasado un año.
¿Europa se habría convertido en Arabia Saudí? No.
¿Europa sería exactamente igual que antes? Tampoco.
La respuesta probablemente sería mucho más aburrida y mucho más interesante: Dependería de qué musulmanes gobernaran.
Y esta es precisamente la conclusión más importante del experimento.
No existe un botón mágico llamado «MUSULMANES» que transforme
Por eso la verdadera pregunta no debería ser:
«¿Qué ocurriría si los musulmanes gobernaran Europa?»
Sino: «¿Qué ocurriría si un movimiento político basado en una determinada interpretación del islam gobernara Europa?» Ahora sí tenemos un experimento serio.
Conclusión: Una pesadilla de la que vale la pena despertar
Cuando por fin se cumple el año y suena la campana del fin de mandato, los ciudadanos europeos salen a la calle en masa, abren los grifos de cerveza y entonan un cántico unánime a la democracia liberal y al Estado laico.
Este experimento mental, por absurdo y exagerado que parezca, nos recuerda de golpe y porrazo por qué la separación entre el poder político y el dogma religioso es la conquista más valiosa de Occidente.
Jugar a relativizar las libertades fundamentales por miedo a ofender o por falsas tolerancias mal entendidas es el primer paso para que una distopía de este calibre deje de ser ciencia-ficción y se convierta en la ventana por la que nos asomemos mañana. ¡Cuida la libertad, que una vez que se apaga, cuesta un mundo volver a encenderla!
