El hiyab en el deporte europeo

El hiyab en el deporte europeo

El hiyab entra en el campo: ¿libertad religiosa, integración o un nuevo partido político?

Imaginemos esta escena. Una futbolista sale al campo. Lleva la camiseta de la selección española, saluda a sus compañeras y se prepara para jugar. Corre, pasa el balón y marca un gol.

Hasta aquí, todo normal. Pero hay un detalle que llama la atención: lleva hiyab, un pañuelo que cubre el cabello y el cuello.

Y entonces comienza el partido… y también el debate.

Unos dicen: ¡Perfecto! Es una muestra de diversidad y libertad religiosa.

Otros responden: Un momento. ¿Qué papel debe tener la religión en una selección nacional?

Y algunos, como siempre, convierten un partido de fútbol en una batalla cultural de dimensiones olímpicas.

La pregunta es sencilla, pero la respuesta no lo es: ¿Debe una deportista poder jugar con hiyab o pueden las instituciones deportivas establecer límites?

Aquí no basta con gritar «libertad» o «prohibición». Hay que hablar de derechos, reglas, seguridad, igualdad y autonomía personal.

Y sí, también hay que hablar de religión sin caminar de puntillas como si estuviéramos atravesando un campo de minas.

 

Primero, pongamos nombre a las cosas

Antes de entrar en el debate, aclaremos qué es el hiyab.

El hiyab es una prenda que suele cubrir el cabello y el cuello, pero deja el rostro visible. Algunas mujeres lo llevan por motivos religiosos; otras lo relacionan con su identidad, su cultura o sus convicciones personales.

Y no todo lo que cubre el cuerpo es lo mismo.

Hiyab: cubre normalmente el cabello y el cuello, pero deja la cara al descubierto.

Niqab: cubre el rostro y suele dejar visibles los ojos.

Burka: cubre el cuerpo y el rostro, normalmente con una rejilla para poder ver.

No conviene meterlo todo en el mismo saco. Si no distinguimos las prendas, difícilmente podremos discutir sus consecuencias.

 

Imaginemos a una jugadora de la selección española

Pensemos en una futbolista nacida en España. Ha crecido en un barrio español, ha jugado en equipos infantiles, ha entrenado durante años y, después de mucho esfuerzo, recibe una llamada: ¡Enhorabuena! Estás convocada con la selección absoluta.

La jugadora tiene talento, disciplina y capacidad para competir al máximo nivel. También lleva hiyab. Cuando entra en el campo, representa a España igual que sus compañeras. Su religión no elimina su nacionalidad, su talento ni su esfuerzo.

Pero aparecen varias preguntas:

¿Debería el hiyab impedirle jugar?, ¿Puede una federación exigir una apariencia religiosa neutral?, ¿Debe una selección nacional permitir símbolos religiosos visibles?, ¿Y quién decide qué significa exactamente la neutralidad?

Aquí comienza la parte complicada.

Una mujer puede ser española y musulmana al mismo tiempo. También puede ser francesa, alemana o neerlandesa y tener una identidad religiosa.

La verdadera cuestión no es si esas identidades pueden convivir. La cuestión es si una institución deportiva puede limitar la expresión religiosa de una deportista y, en caso afirmativo, por qué motivo, con qué alcance y bajo qué reglas.

 

¿Qué significa ver el hiyab en una selección nacional?

Una jugadora luciendo el velo con la camiseta de una selección europea genera dos lecturas completamente opuestas:

La mirada integradora: Para una parte de la sociedad, ver a una deportista con hiyab defendiendo los colores de un país europeo es el reflejo natural de una Europa plural. Transmite el mensaje de que no hay que renunciar a la identidad religiosa para ser plenamente europeo y competir al máximo nivel.

La mirada crítica: Para quienes defienden una visión de la laicidad o del feminismo universalista, la selección nacional representa al Estado y a toda la ciudadanía. Desde este punto de vista, exhibir un símbolo religioso en ese espacio institucional rompe la neutralidad del equipo y visibiliza una prenda que muchas mujeres en el mundo están obligadas a llevar.

 

Francia: cuando el hiyab se encuentra con el reglamento

Francia es uno de los casos más interesantes.

La Federación Francesa de Fútbol estableció una norma que prohíbe, durante los partidos, determinadas prendas o signos que manifiesten de forma ostensible una pertenencia política, filosófica, religiosa o sindical.

En junio de 2023, el Consejo de Estado francés confirmó la legalidad de esa prohibición en las competiciones organizadas o autorizadas por la federación.

El tribunal consideró que la federación podía establecer reglas sobre la vestimenta para garantizar el buen desarrollo de los partidos y evitar enfrentamientos o confrontaciones ajenas al deporte.

En resumen: en ese contexto, Francia permite restringir el uso del hiyab durante los partidos sujetos a esa normativa.

Pero aquí no termina la historia. En realidad, aquí empieza el debate.

Porque una cosa es que un tribunal considere legal una norma y otra que toda la sociedad esté de acuerdo con ella.

Y aparece la pregunta inevitable: Si una mujer puede llevar hiyab en la calle, en la universidad o en otros espacios, ¿por qué no puede llevarlo durante un partido de fútbol?

La respuesta francesa se apoya en la neutralidad de la competición y en las competencias de la federación.

Sus críticos, en cambio, cuestionan si la restricción limita de manera excesiva la libertad religiosa y la participación deportiva.

El asunto no se resuelve con una frase mágica. Hay que analizar la ley, el contexto y las consecuencias.

 

El fútbol internacional ya abrió la puerta

El debate no comenzó ayer.

Las reglas internacionales del fútbol han evolucionado y permiten determinadas coberturas de cabeza que cumplan los requisitos de seguridad y equipamiento.

En 2016, la FIFA informó de cambios que facilitaron el uso de pañuelos en el fútbol. Ese mismo año se celebró en Jordania el Mundial femenino sub-17, un precedente importante para la participación de jugadoras con hiyab.

Y en el Mundial femenino de 2023 ocurrió un momento histórico.

La futbolista marroquí Nouhaila Benzina se convirtió en la primera jugadora en disputar un partido de una Copa Mundial femenina llevando hiyab.

El mensaje era claro: el hiyab puede coexistir con el fútbol internacional cuando las reglas aplicables lo permiten y se cumplen las condiciones de seguridad.

Pero atención, porque aquí suele aparecer una confusión.

Que una regla internacional permita una prenda no significa que todas las federaciones nacionales tengan exactamente la misma normativa.

La FIFA puede establecer unas reglas generales y, al mismo tiempo, cada país puede tener su propio marco jurídico e institucional.

Por tanto: Permitir el hiyab en una competición no obliga automáticamente a todas las instituciones a regularlo de la misma manera en cualquier circunstancia.

 

¿Permitir el hiyab ayuda a la integración?

Aquí entramos en una de las cuestiones más importantes.

Una niña musulmana quiere jugar al fútbol. Le gusta correr, competir y marcar goles. Quizá sueña con jugar en un gran estadio.

Si lleva hiyab por decisión propia y la normativa se lo permite, podrá continuar su carrera deportiva sin tener que elegir entre su práctica religiosa y su pasión.

Eso podría facilitar:

La participación de más niñas y mujeres.

La aparición de nuevas referentes deportivas.

El contacto entre personas de diferentes orígenes.

La presencia de mujeres musulmanas en competiciones de alto nivel.

Una futbolista con hiyab podría convertirse en una referencia para una niña que nunca se había imaginado jugando en una selección.

Pero hay que ser precisos. Permitir el hiyab puede facilitar la participación de algunas mujeres. No demuestra automáticamente que cualquier política de autorización vaya a solucionar todos los problemas de integración.

La integración no depende de una sola prenda. También influyen la educación, la situación económica, las familias, las oportunidades y las posibles presiones sociales.

El fútbol puede abrir una puerta. Pero después hay que comprobar si la puerta conduce a un campo abierto o a otro pasillo lleno de obstáculos.

 

¿Y por qué algunas personas defienden la prohibición?

Quienes defienden restricciones en determinados contextos suelen utilizar varios argumentos.

Por ejemplo:

Las instituciones deportivas deben contar con reglas comunes.

Las selecciones nacionales tienen una dimensión simbólica.

Algunas federaciones defienden una forma específica de neutralidad.

Las reglas deben aplicarse de manera coherente a diferentes símbolos y expresiones.

El deporte debe evitar que los conflictos políticos o religiosos se trasladen al terreno de juego.

En Francia, el Consejo de Estado consideró que la federación podía establecer restricciones relacionadas con la vestimenta en las circunstancias examinadas.

 

La pregunta incómoda sobre la libertad de las mujeres

El hiyab también plantea un debate sobre la igualdad entre hombres y mujeres.

En algunas interpretaciones religiosas, se presenta como una obligación específica para las mujeres. En otros contextos, las mujeres lo entienden como una elección personal relacionada con la fe, la identidad o la modestia.

Europa debe poder debatir estas cuestiones.

Debe poder preguntar si existen presiones familiares, comunitarias o institucionales. Debe poder analizar las normas religiosas que afectan a las mujeres.

 

Las sombras: cuando el pañuelo eclipsa a la deportista

El deporte debería hablar de goles, velocidad, técnica y esfuerzo.

Pero cuando una jugadora lleva hiyab, existe el riesgo de que todo lo demás desaparezca.

En lugar de hablar de su rendimiento, algunos solo hablarán del pañuelo.

Si marca tres goles:

—¡Qué gran jugadora!

Pero si lleva hiyab, puede que la conversación se transforme en un debate sobre religión, identidad y política.

La deportista corre el riesgo de convertirse en un símbolo antes que en una persona.

Y eso puede suceder en ambos sentidos.

Algunos pueden utilizarla como prueba de que la integración es un éxito absoluto.

Otros pueden presentarla como una señal de que Europa está perdiendo su identidad.

 

El campo de fútbol como batalla cultural

El fútbol tiene una capacidad extraordinaria para despertar emociones.

Una final puede provocar lágrimas. Un penalti puede dividir una familia. Y una decisión arbitral puede convertir a personas tranquilas en expertos internacionales en conspiraciones.

Por eso, no sorprende que el hiyab también pueda convertirse en un símbolo político.

Diferentes grupos pueden utilizar la imagen de una jugadora para defender sus propias posiciones.

Unos pueden presentarla como ejemplo de diversidad.

Otros, como símbolo de una supuesta expansión religiosa.

Pero hay que tener cuidado.

Ver a una mujer con hiyab jugando al fútbol no demuestra, por sí solo, que exista una estrategia de expansión ideológica.

Del mismo modo, que una persona cuestione el uso del hiyab no demuestra que sea islamófoba.

 

¿Una selección nacional debe ser completamente neutral?

Aquí tenemos otro asunto complicado.

Las selecciones nacionales no son clubes deportivos cualquiera. Tienen himnos, banderas, escudos, camisetas y ceremonias.

Representan a un país, aunque no puedan representar toda su diversidad.

Por eso, algunas personas consideran que una selección debería mantener una apariencia religiosa neutral.

Otras creen que precisamente una selección nacional debe reflejar la diversidad de los ciudadanos que forman parte del país.

Ambas posiciones pueden discutirse.

Pero hay que separar varias cosas: La identidad nacional. La expresión religiosa individual. La propaganda política. Las reglas de seguridad. La organización de la competición. No son exactamente lo mismo.

Una jugadora puede representar a España sin que su religión desaparezca. Y una institución puede tener normas sobre la vestimenta sin que eso signifique que toda expresión religiosa sea una amenaza.

 

España, Francia, Alemania y Países Bajos: cuatro escenarios

Imaginemos cuatro situaciones.

España: una selección diversa

Una jugadora española musulmana lleva hiyab y es convocada por la selección.

La discusión se centraría en la normativa aplicable, la libertad religiosa y la forma en que la institución entiende la representación nacional.

Francia: neutralidad institucional

Francia ofrece un caso específico, porque la Federación Francesa de Fútbol mantiene una restricción sobre signos religiosos durante los partidos sujetos a su normativa.

El Consejo de Estado confirmó su legalidad en 2023.

Alemania: diversidad y reglas comunes

Una selección que permita el hiyab deportivo podría mostrar una concepción de la identidad nacional compatible con distintas prácticas religiosas.

Países Bajos: igualdad de participación

En este caso, el debate podría centrarse en si las condiciones de acceso al deporte son realmente iguales para todas las mujeres y si existen barreras que afectan especialmente a algunas deportistas.

Estos ejemplos no significan que todos los países tengan las mismas leyes ni que sus federaciones funcionen de idéntica manera.

Sirven para plantear una pregunta: ¿Deben existir unas reglas comunes para toda Europa o cada país debe decidir según su propio marco jurídico y su concepción de la neutralidad?

 

¿Es una cuestión de libertad o de expansión del islam?

La presencia de una jugadora con hiyab puede interpretarse de distintas formas.

Puede ser: Una expresión de libertad religiosa individual y una muestra de la diversidad de la sociedad.

No se puede demostrar una estrategia de expansión ideológica simplemente porque una deportista lleve un pañuelo.

Pero tampoco hay que renunciar a investigar si existen organizaciones que intentan influir en las políticas deportivas, las instituciones o la opinión pública.

 

¿Qué deben hacer las instituciones deportivas?

Las federaciones tienen derecho a establecer reglas.

Deben garantizar la seguridad, la organización de los partidos, el equipamiento adecuado y la conducta de las participantes.

La cuestión no es si pueden regular. La cuestión es hasta dónde pueden llegar cuando una norma afecta a la libertad religiosa de una deportista.

 

La pregunta central: ¿quién decide cómo debe vestir una mujer?

Quizá la pregunta más profunda no sea:

«¿Hiyab sí o hiyab no?»

Quizá sea esta:

¿Quién tiene derecho a decidir cómo debe vestirse una mujer para participar en un espacio público?

En esa decisión pueden intervenir muchas personas e instituciones: La propia deportista. Su familia. Su entorno social. Las instituciones religiosas. Las federaciones deportivas. Los tribunales. La opinión pública. Cada uno tiene una influencia diferente.

Una democracia liberal debe proteger la capacidad de las mujeres para tomar decisiones sobre su propia vida. Pero también debe reconocer 

 

¿Qué efectos puede tener en Europa?

No existe una única consecuencia inevitable de permitir o restringir el hiyab en el deporte.

Los efectos dependen de la normativa, del país, de la sociedad y de cómo se aplique la decisión.

 

Europa necesita algo más que dos respuestas automáticas

En este debate suelen aparecer dos frases que lo simplifican todo.

La primera: «Todo lo relacionado con el hiyab es opresión».

La segunda: «Toda restricción al hiyab es islamofobia».

El problema es que ambas respuestas pueden impedirnos mirar los casos concretos.

Hay mujeres que llevan hiyab por convicción. Hay mujeres que pueden sufrir presiones. Hay instituciones con normas justificadas y otras que podrían necesitar una revisión.

No todo es blanco o negro.

 

Conclusión: que el hiyab no se convierta en el árbitro del partido

El hiyab en el deporte europeo no es solamente una cuestión de vestimenta.

Es un punto de encuentro entre la libertad religiosa, la autonomía de las mujeres, las reglas deportivas, la identidad nacional y el debate sobre el islam en Europa.

Una jugadora con hiyab puede ser una deportista de élite, una ciudadana europea y una mujer con sus propias convicciones.

No debería convertirse automáticamente en una prueba de que la integración funciona o fracasa.

Tampoco deberíamos cerrar los ojos ante las preguntas legítimas sobre las presiones religiosas, la igualdad de género y las normas que regulan las instituciones.

El verdadero reto consiste en construir una sociedad donde una mujer pueda practicar deporte sin que su religión la excluya automáticamente, pero también donde pueda cambiar de opinión sin sufrir presiones.

Porque, al final, el fútbol debería decidirse con goles, no con guerras culturales.

¿Permitir el hiyab en las selecciones nacionales europeas es una muestra de libertad individual o puede haber situaciones en las que las instituciones deportivas deban establecer límites para proteger la seguridad, la igualdad y las reglas comunes?

Y una segunda pregunta, quizá todavía más incómoda: ¿Defendemos realmente la libertad de las mujeres cuando pueden elegir llevar hiyab, pero también cuando deciden quitárselo?

Fuentes y referencias, Consejo de Estado de Francia, FIFA, Estudios académicos sobre libertad religiosa, igualdad de género, integración y neutralidad institucional.
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